La agamia en los medios

¡Nos hacemos famosas! Con una comunidad en Facebook de más de 350 personas, esta ética relacional, incapaz de pasar desapercibida, ha dado el salto desde España a otros lugares como Argentina y México. El Sábado 13 de Abril tuvo lugar el debate sobre el amor en la página, también de Facebook, Amor Libre y Memes; en la que la Agamia fue representada en su forma más política, la crítica contra el amor.

Hace dos días, en la web Código Nuevo entrevistaron a la artista Júlia Peró (@julia___pero) hablando sobre la Agamia. Siempre es muy agradable que el movimiento trascienda, que se haga referencia al gamos, a la indignación, etc. Sin embargo, probablemente el modelo relacional mencionado en la entrevista sea la anarquía relacional, no la agamia ¿Por qué? Veámoslo:

  • Dice, textualmente: “Nunca he visto natural que para demostrar mi amor necesitara unos acuerdos que si no se cumplían era infidelidad”. Pero, como ya se explicó en este post, no toda persona que no forme pareja es ágama sí o sí. El rechazo total, profundo, radical del amor es lo que define a la agamia. Por supuesto que no se obliga a nadie a abandonar el amor, pero la agamia es tan incompatible con amar, como el veganismo con comer un filete de ternera.
  • “Es decir, no hay gamos. No hay pareja, normas o prohibiciones” . Verdad que en la agamia no hay pareja, pero por supuesto que hay normas: Las de la ética. Y ¡Claro que existen prohibiciones! Lo que no sea ético, vedado. Por muchas ganas que tengas. Lo correcto prevalece sobre el deseo individual. ¿Qué significa esto? Que nadie cometa el error de lanzarse a la agamia creyendo que será menos exigente o más liberal que la monogamia o que el poliamor. Al contrario: Tu catadura moral deberá aumentar; fruto de eso serás más libre, sí, pero no será una libertad en la que hagas lo que quieras a expensas del resto; sino una libertad en la que no abusarán de ti.
  • “¡Que la gente ame y folle con quien quiera! Y si es conmigo, mejor”. Bueno, esto no tiene nada que ver con la propuesta ágama de no amar y de que el sexo sea sin objeto (No necesito a nadie para satisfacer mi deseo sexual). En los principios ágamos se aclara que nos relacionamos con personas de cualquier modelo relacional, pero que no participamos de sus decisiones. Si nos aman, no se les corresponderá. De nuevo esta frase casa más con la propuesta anarcorrelacional.
  • “Cuyas únicas normas son hacer aquello que reporte felicidad, sin atar u obligar a nada a ninguno de los dos.” El deber y la responsabilidad con la comunidad y lxs demás supone una prioridad en la agamia, y al cumplir con ese deber, aparecerán sentimientos como el afecto, el apego y la admiración. Tus relaciones individuales surgirán fruto de la interacción grupal, no a través de un enamoramiento, ni energía de la nueva relación, ni fenómeno semejante.
  • “No te metas donde no te aman”. Al revés; si pretenden amarte ¡Corre por tu vida!
  • “Lo que diferencia la agamia de la soltería es, justamente, que como no cree en los vínculos de pareja, tampoco contempla lo contrario. Ni hay parejas ni hay solteros”. Efectivamente, esta afirmación es 100% ágama.
  • “En realidad, los celos no son más que un miedo a la pérdida de esa persona. Un miedo a que se enamore de otra persona y a que se vaya con ella. ¿Y cuándo se siente miedo a perder algo? Cuando se cree que se posee”. Sí y no. El sentimiento de posesión comienza con el amor; cuando realzas tanto las virtudes de alguien (para justificar su elección sobre otras personas) que quieres ser importante para esa persona. Dicha actitud no se puede separar de cierto grado de posesión; con el amor surge el vínculo gámico y con él los celos. Pero cuidado, porque no todo desasosiego en una relación son celos. Debemos tener presente a la indignación legítima, es decir, la desazón congruente con injusticias cometidas contra nosotrxs, abusos de poder, desigualdades estructurales, etc. El poliamor y la anarquía relacional pecan de este extremo, en dicha situación, a las personas más desfavorecidas se las insta a “gestionar” (aguantarse) la ansiedad consecuencia del abuso, y se les priva de la única herramienta que tienen contra su pareja privilegiada: La protesta.
  • Eso sí, estamos muy de acuerdo con la oposición al patriarcado, al capitalismo y la relevancia de la comunicación. Citando a Amelia Valcárcel: “Lo más importante que hemos aprendido a hacer varones y mujeres desde que el feminismo existe es hablar”.

Ojalá cada vez veamos más publicaciones y entrevistas ágamas, construyendo espacios críticos, respetuosos y abiertos a la ética. ¡Nos vemos pronto!

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Qué NO es agamia

Me alegra encontrar cada vez más gente con curiosidad hacia el modelo “contra el amor”, pero como todo mensaje que se reproduce y reinterpreta, a veces pierde un poco su significado y se acaba confundiendo. Y no, esto no es como cuando se dice que una relación tóxica o portarse mal no es amor, o no es poliamor; la agamia se confunde con otras cosas que están fuera de la definición. Al contrario que el amor, la agamia tiene una descripción concreta y lo que se salga de ahí no es agamia. Un vínculo ágamo es: Una relación entre dos personas que potencialmente pudiera convertirse en una pareja y por decisión voluntaria no se hace, sin que esta decisión perjudique los cuidados entre esas personas. Lo que deriva de ahí es la pregunta: ¿Entonces cualquier persona podría ser tu pareja? y la persona ágama te contestará: No. Nadie puede serlo. Yendo al grano: ¿Qué NO es agamia?

  • Una relación etiquetada de amistad: Al no plantearse la posibilidad de pareja, ya no tiene sentido separar al mundo en “parejas” y “amistades” (que es el equivalente gámico de la persona con la que te vinculas y no es tu pareja, y que en entornos monógamos implica que tampoco hay sexo).
  • Personas incel (involuntariamente célibes; hablando en plata, que no se comen una rosca): MUY IMPORTANTE. No caigamos en el error de meter automáticamente en el saco de la agamia a las personas consideradas no deseables. El/la ágamo/a no tiene pareja porque no quiere, no porque no pueda. Alguien incel está más o menos resentida porque el mercado sexoafectivo le deja fuera, pero ese resentimiento se trocaría alegría si cambiasen los criterios del valor sociosexual y de pronto se encontrase en la cima de la pirámide, o pudiera conseguir sexo de manera ilegítima (prostitución, violación). Alguien ágame rechaza activamente participar en dicho mercado y reprograma su deseo hacia lo justo. Como aclaración: Una persona ágama puede no ser deseable, pero no formará un gamos ni aunque se le presente la oportunidad.
  • Persona soltera que tiene relaciones sexuales esporádicas y en el fondo alberga esperanzas de encontrar el amor: Estilo de vida perfectamente válido, pero no es agamia porque no aparta el amor.
  • Persona promiscua (sexualmente liberal) que elude responsabilidades afectivas: Miedo me da que el clásico polifake, tras el repudio del ambiente poliamor/anarquía relacional, pretenda subirse al carro de la agamia pasando de decir que tiene ocho parejas a decir que no tiene ninguna. Pues no. La agamia renuncia a la pareja (que NO a la sexualidad, ojo, aunque busca una sexualidad sin convertir a la otra persona en objeto) para cimentar una sociedad más justa e inclusiva, para repartirte más y mejor. No para dejar cadáveres emocionales. El polifake, por si alguien no  lo recuerda, no es ni poliamoroso, ni anarquista relacional ni ágamo: Es un caradura desubicado.
  • Personas célibes por motivos religiosos: La contundente crítica a la sexualidad objetificadora y la perspectiva social pueden incitar a la mezcla de la agamia con alguna especie de orden religiosa. Nada más lejos de la realidad. La agamia promueve una sexualidad no monógama, eso sí, entendiendo a esas personas con quienes la compartimos como sujetos y no como objetos. La sexualidad sin objeto es totalmente independiente del amor.
  • En definitiva, cualquier persona que acepte el amor y se relacione en base a esa ideología.

Por tanto, ninguna persona ágama forma parejas, pero no cualquiera sin pareja es ágamo/a/e. ¡Gracias por leerme!

¿Por qué mola ser ágama/o/e?

Esta entrada ha sido inspirada por J., reciente incorporación a este grupo a favor de las relaciones justas. En el último evento “agamia en 3D”, dio justo en la diana cuando preguntó precisamente, lo que reza este título. Desde entonces le he dado bastantes vueltas, dándome cuenta de que, ya que toda nuestra cultura se ha construido en base al amor y nos resulta complicadísimo imaginar algo fuera de él (como explicarle a un pez que vive rodeado de agua), primero hay que argumentar por qué merece la pena rechazarlo, qué problemas prácticos se atajan, qué aporta a nuestro bienestar. Si la agamia es el cómo, este post te cuenta el por qué:

  1. ¡Para dejar de sufrir! La razón primordial. Bajo mi punto de vista, solamente esto ya justifica desmantelar el amor. Claro que hay parejas felices y que se tratan bien, pero son muy pocas (para hacernos una idea, si el amor fuese un tratamiento médico, ningún sistema sanitario lo financiaría, por inefectivo) y de esta minoría, un buen porcentaje lo son tras muchos intentos fallidos; el padecimiento es el desenlace más frecuente. Y por desgracia, el sufrimiento en la pareja no se limita al momento de la ruptura, sino que el camino anterior se vuelve un via crucis. Existen adolecimientos específicos del modelo relacional (en monogamia porque quieres estar con otras personas y debes esconderte, o porque alguien te ha sido infiel; en swinger y relaciones abiertas porque te acabes enamorando de alguien que tu modelo te impide cuidar; en poliamor y anarquía relacional, porque ninguna de tus parejas te cuida lo suficiente y la precaria atención puede esfumarse en cuanto otra nueva pareja llegue) y otros comunes: Posesión más o menos evidente (desde espiar el móvil a manipular mediante pequeño drama para que tu pareja se quede contigo), violencia… ¿Para qué perder el tiempo soñando ser la excepción, cuando sin amor la norma es no padecer?
  2. Para eliminar desigualdades: El amor acredita acciones inmorales y mantener privilegios. Cuando no puedas obligar a una mujer a que satisfaga el apetito sexual de un hombre, haz que se enamore. Si el sistema no quiere sufragar la residencia de un anciano, lo mandará de alta a casa de su hija para que lo atienda gratis. Millones de conductas tóxicas se consienten en nombre del amor, es el área de confort de gente con actitud perjudicial para su entorno,y gracias a la cobertura amorosa esta gente ni necesita ni piensa cambiar. Eso sí, esto tiene una pequeña contrapartida: Tendrás que hacerte cargo de las veces que tú misme/a/o te has servido del amor con intereses espurios y renunciar a este poder. Se impondrá la legitimidad.
  3. Para crear comunidad: En una sociedad en la que la soledad no deseada supone un problema de salud pública (Incluso el Ayuntamiento de Madrid promueve iniciativas para prevenir este problema y actualmente existen líneas de investigación al respecto), casi resulta natural y mandatorio que aparezca un movimiento comunitario con el objetivo de distribuir cuidados equitativamente. Colectividad frente a atomización, sin jerarquías amorosas.

¿Te han convencido estas razones? ¿Tienes alguna más que no se reflejen aquí? No te quedes con las dudas, comenta y pregunta. Para vivirlo, puedes seguir a Agamia en Facebook y/o acudir a nuestros eventos “en 3D”.

¡Feliz semana!

No eres monógamx, eres pobre

Dicen que hay que agradecer las críticas porque ayudan a progresar. Estoy convencida de esto, y a la hora de desarrollar cada vez mejores planes para relacionarnos y construir sociedades colectivas y solidarias, este punto es muy importante. Los fallos en los modelos sirven para solucionarlos en futuras fórmulas.

Hasta la fecha, han sido siempre personas monógamas quienes han tildado al poliamor de neoliberal y al hacerlo desde el desconocimiento, juzgando solamente lo que aparenta desde fuera, es mega sencillo para cualquier poliamorose/o/a desmontar este argumento. La monogamia acusa al poliamor de neoliberal desde una perspectiva mojigata, puritana; acusa a la diversidad sexual de un supuesto “consumo de cuerpos” (igual a la soltería monógama; confunden el ambiente poli con Tinder), y esto no se sostiene porque el poliamor valora, y mucho, los cuidados y el respeto hacia cada persona con la que tienes sexo. Con este enfoque, has perdido la partida desde el principio, te rebatirán fácilmente y habrás hecho gala de supina ignorancia y de seguir creyendo, en pleno siglo XXI, que el sexo es malo.

El poliamor es neoliberal, no por esa ficticia “sexualidad desenfrenada y deshumanizante”, sino porque en su práctica habitual hay que gastar mucho tiempo en discusiones, acuerdos y conquista amorosa. Toda esta gestión queda fuera del alcance de quien tiene que madrugar, trabajar 12 horas diarias para pagar el alquiler, cuidar criaturas o limpiar su casa. La ociosidad de vivir en el  polidrama es característico de una clase social media-alta. Para quienes necesitamos ese tiempo para llevar adelante otros proyectos, es imposible. Y para quienes además precisan cuidados extra y salen perdiendo en la eterna competición, es inasequible. Por eso mucha gente lo descarta desde el principio y prefiere simplemente echarse una pareja, y a otra cosa.

Este modelo es un artículo de lujo; representa tu status como antaño hicieran la piel pálida a través de la cual se traslucían las venas (símbolo de no trabajar en exteriores), la ropa cara y de colores claros (la burguesía y la nobleza no trabajaba, por eso su ropa no se manchaba ni estropeaba) o el sobrepeso (implicaba poder adquisitivo para hacer opulentas comidas). En conclusión, escoger el poliamor no necesariamente se asocia con tu catadura moral o tus ideales, sino que necesitar asegurarte una pareja para alcanzar una estabilidad que permita la supervivencia, puede encontrarse más en relación con tu nivel socioeconómico. No se elige lo que se quiere, sino lo que se puede.

¡Hasta pronto!

La legendaria compersión

Hace un par de años, cuando aún poseía algo de inocencia y creía que era la única poliamorosa del mundo, me fascinaba el concepto de la compersión, esto es, sentimientos positivos derivados de que tu pareja tenga otras relaciones. Para mí era una realidad, siempre disfruté con la variedad de las personas importantes para mí, no ya sólo otras parejas/amantes, también amistades: Comprobaba de primera mano el beneficio emocional que tenía para mis seres queridos/as/es.

¡Pero! Como todo en el amor, tiene su lado tenebroso: La compersión es tan cool en los ambientes liberales… Es un valor añadido. ¿Qué sucede? Pues que quien disfruta de privilegios, vive en abundancia de cuidados y le falta agenda para tanta gente que quiere su compañía, tiene muy fácil la compersión. En el otro extremo, poca gracia le hará a una mujer recién parida, afectada emocionalmente por el proceso de traer la nueva vida al mundo y económicamente dependiente, que su pareja pierda la cabeza por otra persona justo cuando más apoyo necesita. La verdad incómoda: Cuando una nueva relación amenaza el status quo o el bienestar de alguien, es imposible sentir compersión. Lo lógico es sentir miedo, incertidumbre, indignación, frustración… Justo los sentimientos tabú en el opresivo ambiente, donde la société espera de ti brincos de alegría y te juzgará por tu reacción en ese momento, sin considerar la coyuntura actual ni el por qué de tus emociones (Ni les importa, ellos/as sólo quieren ver cumplida su fantasía poliamorosa, ver representada su utópica Arcadia feliz). Otro escenario, todavía más disfuncional pero posible: Como no quieres decepcionar a la audiencia, ahogas tus emociones y finges contento, no vaya a ser que tu privilegiada pareja encima te acuse…. ¡De tener celos! Hay que ser guay y moderna en el mundo poliamor, por lo que te deslizas por un esquizofrénico tobogán en el que sonríes mientras se te hiela el estómago, e incluso ¿Por qué no? Simulas una forzadísima amistad con tu metaamor. La amistad entre metaamores es un hecho, lo absurdo es anhelar que todo el mundo unido por un vínculo sexoafectivo se lleve bien ¿O acaso no tienes amistades que de no ser por el respeto que te tienen, se habrían rebanado las gargantas mutuamente?

La dificultad (a veces, imposibilidad) de la compersión no es sino otro síntoma de la injusticia amorosa. Si los cuidados fuesen equitativos, no debería preocuparnos con quiénes se relacionen nuestros vínculos, y nos deleitaríamos, como a mí me suele pasar, de ver que el mundo no está tan fragmentado como parece.

Pero yo, soy una privilegiada.

Novogamia: Luces y sombras

La representación importa. Si bien personalmente me posiciono al elegir mi modelo relacional, trato de incluir en mis artículos, en el algoritmo… En definitiva, en el contenido que genero sobre orientación relacional, todos los modelos. ¿Por qué? Para que nadie sienta soledad por sus sentimientos, o por cómo se imagina las relaciones interpersonales. Tenemos derecho a expresarnos y a que nos entiendan.

Cuando vi en la red una propuesta relacional de la que nunca había escuchado, alcé las orejas como un gato y me emocioné: La novogamia ¿Qué es eso? He escuchado las entrevistas y espacios dedicados a su creador, Jorge Ferrer, y la ilusión inicial… Se me desinfló un poco.

Que nadie me malinterprete; la aparición de este modelo es positiva: Es un síntoma más de que la decadencia de la monogamia y la creación de tribus no se quedan ya en tesinas y ensayos de Psicología y Antropología, sino que se asientan como una opinión compartida por cada vez más gente. El resurgir de la filosofía, la vuelta de la espiritualidad (ya sin religión), la revalorización de las emociones, del bienestar mental y la búsqueda de relaciones beneficiosas que no nos hagan malgastar el tiempo son otras características que percibo en la novogamia. Ahora bien, le encuentro varios cabos sueltos:

  • Parte de un supuesto “binomio” monogamia-poliamor, del cual se ofrece como tercera alternativa. Si habéis leído más blogs sobre no monogamias, ya sabréis que tal binomio no existe; sino que hay toda una amalgama relacional, un espectro que va desde la monogamia tradicional a la total destrucción de la pareja, con 6 modelos intermedios de los que la novogamia se olvida… Y algunos, como el swinger o las relaciones abiertas, existían mucho antes que el poliamor.
  • Está todavía en sus comienzos: Este es el inconveniente menos relevante, ya que si la novogamia está destinada a tener su lugar como alternativa, el tiempo lo subsanará. Lo pongo como problema porque al no tener decididos sus principios y características, me cuesta imaginarla e imbricarla en el esquema (pido perdón por mi mente cuadriculada). La situaría, por la crítica de Jorge Ferrer a la exclusividad y a los celos, en una no-monogamia, pero ignoro en qué parte.
  • Contiene una postura criticada en todas las no-monogamias y cuyo rechazo, comparto: El maldito fluir. Fluir como dejarse llevar, como poner el piloto automático y olvidar las convenciones sociales, bajo la premisa de que la espontaneidad tiende a los actos bondadosos. Al principio suena increíble, pero siempre termina mal. Porque, amigas/os/es, olvida que nuestro “fluir” está influido y programado socialmente, con lo que si nos abandonamos a la inconsciencia y nos relacionamos con el prójimo acríticamente, reproduciremos invariablemente todos los fallos sociales y las desigualdades estructurales que al ser horizontales y encontrarse en todos los órdenes de la vida, tenemos normalizados: Violencia; discriminación por orientación e identidad sexual, género, etnia, edad, nivel socioeconómico; los mitos románticos; formación de parejas (incluso si en un principio no queríamos); escalera mecánica; valor sociosexual… Se suele defender “fluir” cuando en un modelo no está claro su objetivo político (¿Continuación de las jerarquías? ¿Creación de una élite conectada sexoafectivamente? ¿Construcción de una aldea global? ¿Capitalismo o no capitalismo? ¿Mantener el status quo?) y normalmente insisten en “fluir” aquellas personas que socialmente acumulan más privilegios y que saben que no se arriesgan al relacionarse con otras personas (porque su posición les garantiza la seguridad).
  • Otra idea de Jorge Ferrer es que defender la monogamia o el poliamor (para él, ya sabemos que no hay nada más) implica aborrecer al otro modelo. Obviamente eso tampoco es verdad; aunque sí puedes pensar que un modelo es mejor que otro y eso no es odiar, se llama: preferencias ¿O es que si mi color preferido es el naranja, significa que odio a quien vista otro color?

¿Qué es la novogamia? Pues rechazar la monogamia pero flojito, no vaya a ser que haya que cuestionar y deconstruirte como en el poliamor. Atención, que yo soy la primera que defiendo como natural el ir transitando de modelo a modelo en función de tu momento vital. Ojalá se termine consolidando esta propuesta, de momento, por su argumentario y sus ideas, yo lo encuadraría en la zona gris de relación no monógama sin definir.

Si alguien conoce más de este tema, encantada de leeros.

¿Qué entiendes tú por amor?

He elegido como título la sempiterna respuesta (si bien pregunta) de cualquier ser amatonormado que oye hablar por primera vez en contra del amor. No me extraña. Es la reacción natural; la persona se queda impactada y te exige una explicación, porque “¡a ver qué te has creído tú que es el amor para decir que es malo! Cuando me dicen esto, me figuro la mente de mi interlocutor/a así: “No puede ser que lleve toda mi vida defendiendo como lo más maravilloso de la existencia, una ideología cruel y violenta ¡Esta tía debe de estar confundiéndolo con el amor romántico/tóxico/Disney/de telenovela del que evidentemente estoy por encima y tengo superadísimo”.

Asisto entonces a un esfuerzo voluntario semiconsciente de alguien que se aferra a Matrix. Claro, eso es: Estamos confundiendo el “amor del bueno” (que no es más que el sistema estabilizándose en la injusticia; el ser humano adaptándose resilientemente a una condición subóptima de supervivencia) con ese en el que está lo malo: Todo tipo de violencia (incluida la de género), la dependencia emocional que conduce a aguantar entornos insalubres e infelices, las desigualdades, el consumismo, la monotonía o el estrés (dependiendo de dónde nos situemos dentro del abanico monogamia-anarquía relacional), las infidelidades… Esa ceguera selectiva que nos impide ver el sufrimiento en el amor, que hasta hace unos años excusábamos en esa expresión ñoña de “el amor es bello incluso cuando duele”, y actualmente, conforme vamos desnaturalizando la violencia y ya no renta, pretendemos separarlo en dos tipos de amor, indivisibles en la práctica porque sólo es uno. ¿Que qué entiendo yo por amor? Pues lo mismo que tú: Un sentimiento que te lleva a cuidar gente en base a unos criterios que tú consideras espontáneos e innatos, pero que curiosamente coinciden con lo culturalmente deseable. Y que quienes no cumplen esos criterios, quedan en soledad. Un mercado en el que se compra, se vende y se regatea intentando adquirir lo más valioso al menor precio posible. Un “sálvese quien pueda” en el que, si conseguimos un producto (pareja) de calidad aceptable, nos contentamos (al menos hasta que aparezca alguien mejor), nos serenamos y hacemos la vista gorda frente a las personas que siguen sufriendo. Tenemos el mismo concepto, pero tú te empeñas en seguir defendiéndolo a capa y espada y yo he tirado la toalla, no voy a justificar más lo injustificable.

Otra situación mezquina que creo que todo el mundo hemos vivido alguna vez: Cuando una amistad nos cuenta su zozobra amorosa, la consolamos con un “ya habrá alguien para ti, vales mucho”… ¿Vales mucho? ¿En serio?¿Somos conscientes en ese momento de que las virtudes de esa persona no cuentan ni en Tinder ni en la vida real? ¿Por qué engañamos, peor todavía, creemos que engañaremos, a alguien mayor, poco agraciade/a/o, pobre, etc. que sabe que lo que la separa de encontrar su “amor ideal” son 20 años, 20 kilos o 20 millones de euros? Al final, preferirá una pareja “a su altura” (es decir, menos rica, joven y guapa de lo que le gustaría) a la carestía de atenciones.

No malinterpretemos: Este es un artículo de hermandad. Mi queride amanotormade: Toda la peña que ahora critica el amor ha estado en tu lugar (deberías haberme visto a mí el año pasado, era la paladina del amor); venimos del mismo sitio. No me he iluminado, ni descubierto la penicilina, ni soy más lista que nadie: me he cansado. La esperanza, la he puesto en otras cosas: En la vida misma, en otros vínculos, en otros proyectos. En buscar y fabricar nodos de relaciones equitativas que sean un oasis; en levantar un hospital de campaña en el epicentro de esta guerra. Un lugar al que acudir cuando te canses de estos infames Juegos del Hambre.

¿Nos seguimos viendo? Espero que sí 🙂