Día de la Madre

Hoy se celebra, en España, el día de la Madre. En muchos países hispanohablantes se celebra dicha efeméride. Ensalzado hasta más no poder, comercializado por las empresas, patriarcalizado muy a menudo (Con las dos caras de la moneda: La maternidad tradicional y la superwoman) y siempre romantizado.

El amor de madre, como todos los amores, envenena el vínculo madre-criatura, que debería construirse sobre la ética, como cualquier otra relación. Y de forma todavía más urgente, debido a la extrema vulnerabilidad de lxs bebés. Hablar de vínculo materno-filial como un amor, acarrea las mismas consecuencias problemáticas que en el amor de pareja: Si es amor, es bueno, por tanto todo lo que pase en ese vínculo queda validado per se y no cabe cuestionamiento posible. La desigualdad de recursos entre madre e hijxs favorece aún más el abuso de progenitores a sus descendientes, y que padres y madres no sepan poner límites sin violencia, favorece el caso contrario (menos frecuente).

La otra cara de la moneda, de la que tanto se ha hablado en esta página: Si tu madre elige no tratarte éticamente en ocasiones, pero satisface otras necesidades forjando un lazo ambivalente ¿Eso es amor o no? Una madre narcisista ¿Quiere a sus hijxs o no? No hay consenso al respecto. Por otro lado, si los cuidados de una madre a sus hijxs depende del “amor de madre” ¿Qué pasa con las madres que no quieren a sus hijxs? ¿No puede haber madres que no quieran a sus hijxs, pero se hagan cargo porque son responsables y cumplen con el que creen que es su deber?

Mención aparte amerita la exageración a través de las redes sociales de las relaciones madres-hijxs (sobre todo, madre-hija) en la etapa adulta. Las madres aparecen en las fotos como ejemplos perfectos, sabias consejeras e incansables compañeras; recibiendo toneladas de admiración y gratitud en justo pago por todos sus desvelos. Idílica estampa. Capturadxs bajo la presión de mostrar que te llevas súper bien con tu madre, encuentro muy difícil gestionar traumas causados por ellas y atravesar duelos exitosamente, si ésta ostenta todavía un papel primordial en la vida de sus hijxs ya mayores. Además, una excesiva presencia materna en la vida adulta podría dificultar la emancipación emocional, favoreciendo las conductas dominantes y controladoras.

Actualmente, las mujeres más feministas pelean por poder decir que no quieren ser madres, que la maternidad no es lo más bello del mundo, que no son más felices después de haber tenido hijxs que antes. Incluso su derecho a afirmar que lo son menos (sin blandir esta expresión para culpar a sus hijxs y abusar emocionalmente de ellxs, claro). Quizá les haya llegado la hora a las hijas feministas, de reivindicar que no son unas ingratas por ponerles límites a sus madres, por no permitir que abanderen su “amor” para tratarlas injustamente, ni que les estén recordando una deuda eterna e inconmensurable.

En definitiva: Está bien no soportar a tu madre, no eres peor persona por eso y el amor de madre es tan sospechoso (si no más) que el de pareja.

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Me he enamorado ¿Y ahora qué?

¡Qué calamidad! En mitad de una incursión en la agamia, o tal vez cuando hacía muy poco que habías leído sobre ella, has conocido a quien parece (Por enésima vez) la persona soñada. Si buscas sobre “crushes” en Internet o preguntas a tu círculo cercano, te recomendarán casi unánimemente que te lances, que te atrevas, que te declares: ¡Podría ser el amor de tu vida y el “no” ya lo tienes! (Mensaje de tómbola). Por todas partes (Y lo más grave, incluso gente supuestamente profesional) te insistirán en hinchar ese sentimiento hasta que se te vaya de las manos y te explote en la cara ¡Y más te vale después, gestionar correctamente el desastre! ¿No hay otra alternativa? ¿Hemos de abandonarnos a las emociones, sin tomar las riendas de nuestra vida?

¡Para nada! Si has enfermado de amor, existe un antibiótico para microorganismo tan virulento: La agamicina. Si fuese de verdad, este antibótico me lo imagino como la amoxicilina: Sencillo, barato, por vía oral, seguro durante el embarazo y la lactancia. Aunque bien mirado, me recuerda más a un procedimiento que consta de los siguientes pasos:

  • Primero: Aceptación. A ver, queridx, vivimos en una cultura que nos introduce amor por todos nuestros orificios ¿De verdad te pensabas inmune? Nadie está a salvo al 100%. Por eso, se admite sin vergüenza y sin drama. Si ya eras ágamx, tranquilidad, no vas a perder el carnet por eso ni te vamos a expulsar.
  • Segundo: Empoderamiento: El amor no es una cosa que te pasa, lo produces en tu cabeza (Aunque la sientas en el tórax y en los genitales). Y en tanto que lo has construido, tienes todo el derecho y la responsabilidad de destruirlo.
  • Tercero: Distanciamiento: ¿Hasta qué punto debemos distanciarnos? Hasta que las emociones no interfieran en tu vida más de lo que lo haría una escena inquietante mientras ves una película, o el final de un libro. Mi recomendación es observar hasta dónde quieres separarte y desde ahí, un paso más. La distancia podrá ser física, virtual y emocional. También conviene evitar exponerse a material cultural pro-amor como canciones, películas (Incluso esas tan modernas que abogan por el “amor sano”).
  • Cuarto: Análisis: Duda de tu dictamen acerca de esa persona. Es muy sospechoso que hayas encontrado a alguien tan deconstruidx, amable, inteligente, carismáticx, atractivx, y con esa perfección superlativa. Aquí hay trampa y cartón. Seguramente le has atribuido a la ligera, una buena porción de esas cualidades. O las tiene, pero no de manera tan exagerada. O vale, va bien dotadx de virtudes pero no te has parado a pensar en sus defectos. O si después de ese escrutinio objetivamente es un auténtico tesoro, tal vez merezca permanecer en tu vida, pero jamás en el altar donde el amor lo coloca. Con frecuencia el análisis concluirá en que lo mejor que puedes hacer por ti y por esa persona tan genial es no amarla.
  • Quinto: Distracción: Nos esforzamos en poner por delante nuestras obligaciones, tanto profesionales, como domésticas, sociales, etc. Somos conscientes de que la vida continúa y que de hecho, marcha perfectamente sin esa persona. Interactuar con más gente, que nos lleven por diversos temas de conversación sin relación alguna con el objeto amado y nos ayuden a olvidar temporalmente ese flechazo; la lectura, el deporte u otras actividades que precisen toda nuestra atención, serán muy útiles para superar el amor.

Repetir hasta lograr el efecto deseado.

Lo más importante, en cualquiera de esos pasos, es que tengas claro el enfoque y la meta: Desenamorarse. Ni amar “de forma saludable”, ni amar solamente un poquito. No amar en absoluto.

Para cuando lea este tratamiento radical de la infección amorosa, habrá quien le haya cogido cariño al bicho y “elija libremente” (Todo lo libremente que puedes elegir cuando has crecido escuchando por todos lados que el amor es lo más importante del mundo y que quienes no aman son psicópatas) seguir enamoradx. Para esos casos, os derivo aquí.

Mentiras del “amor del bueno”: No idealices a tu pareja

Con todos ustedes, el último grito en ingeniería amorosa, el más novedoso consejo con que la propaganda pretende convencernos, una vez más, de que el amor funciona; lo que pasa es que nosotrxs ¡Pobres almas en desgracia! no sabemos amar: No hay que idealizar a la pareja.

¡Claro! ¡Eso es! ¿Cómo no se nos había ocurrido? ¡Rebajar las expectativas! Aceptar que nuestra pareja es una persona más, que nada la hace especial. Una gota en el océano, un grano de arena en el desierto; tan común y corriente como cualquier mortal. De esta forma, no nos decepcionaremos al descubrir, no ya sus defectos, también la realidad de que no tiene nada de especial. Pero si pensamos eso… Ya no será nuestra pareja.

Seré franca, mis estimadxs lectorxs, y no insultaré vuestra inteligencia. Pues espero que vuestras gafas moradas tengan graduación suficiente para destapar la mentira. Por definición, es imposible enamorarte de alguien sin idealizarlx. Simplemente no se puede. Para enamorarnos debemos hipnotizarnos, autoengañarnos, apartar toda la información de nuestra intuición y de nuestro sentido común para apasionarnos y sucumbir. Pero nadie puede enamorarse de lo vulgar; para subyugarnos, para sobrecogernos, el objeto amado debe ser superior al resto del mundo. De lo contrario ¿Por qué íbamos a elegir a esa persona, entonces, y no a otra? Se supone que formamos pareja con la mejor alternativa a la que hemos podido acceder (a ese acceso nada casual lo llamaremos “destino” o “suerte”). Pero tras ascenderla a la categoría de BAE (Before Anyone Else o en español, “antes que cualquiera”), para amar correctamente, bajo la promesa del amor eterno, la felicidad eterna y que la propia formación de gamos no nos haga sufrir, al mismo tiempo se nos insta a recordar que es una persona como cualquier otra.

¿Qué clase de locura es ésta? ¿Qué sistema perverso exhorta a mantener, en un caos mental neurótico, dos ideas contradictorias y excluyentes entre sí? Hazle un regalo por Navidad a esa persona “tan especial”, pero que no lo es. Emociónate con sus mensajes, pero no te entristezcas cuando no te escriba. Vive el amor como si fuese eterno, sabiendo que no lo es, para que a lo mejor dure más. Pierde la cabeza, pero con moderación ¿Se capta el absurdo? Esto no puede salir bien; la mejor forma de no perder el control, es mantenerlo racionalmente. El método perfecto para no hacer las tonterías de enamoradx es, exactamente, no enamorarse. Tratar al amor como hacemos con las drogas: Intentando que no se llegue a ellas, promoviendo el consumo cero, o al menos, que la vida de la gente esté tan repleta de otras actividades, que no quede lugar para las drogas.

Ah, pero hay gente que está de acuerdo con el amor, y con las drogas, que promueve un “consumo responsable” (que es, justamente, el mínimo posible) ¿Quiénes? Lxs que se benefician económicamente de estas actividades. Esa gente pondrá ¡Qué casualidad! La libertad como máximo valor, y nos acusará a quienes señalamos sus efectos perjudiciales, es decir, el personal sanitario y la comunidad ágama, de ser aburridxs, de desconocer cómo se disfruta de la vida, incluso de paternalismo (olvidando que la auténtica libertad se ejerce desde la información correcta y comprensible, sin coacción externa como la publicidad, y con alternativas reales).

Si te aconsejan que consumas algo con moderación, es porque su cantidad óptima es cero. Y si la buena nueva del amor es “amar serenamente” o “amar flojito”, se reconoce que el amor molesta a terceras personas. Así que enamórate, o drógate, pero sabiendo que te vuelves insoportable. Y que ninguna de esas cosas es eximente del daño que hagas a la sociedad.

La agamia en los medios

¡Nos hacemos famosas! Con una comunidad en Facebook de más de 350 personas, esta ética relacional, incapaz de pasar desapercibida, ha dado el salto desde España a otros lugares como Argentina y México. El Sábado 13 de Abril tuvo lugar el debate sobre el amor en la página, también de Facebook, Amor Libre y Memes; en la que la Agamia fue representada en su forma más política, la crítica contra el amor.

Hace dos días, en la web Código Nuevo entrevistaron a la artista Júlia Peró (@julia___pero) hablando sobre la Agamia. Siempre es muy agradable que el movimiento trascienda, que se haga referencia al gamos, a la indignación, etc. Sin embargo, probablemente el modelo relacional mencionado en la entrevista sea la anarquía relacional, no la agamia ¿Por qué? Veámoslo:

  • Dice, textualmente: “Nunca he visto natural que para demostrar mi amor necesitara unos acuerdos que si no se cumplían era infidelidad”. Pero, como ya se explicó en este post, no toda persona que no forme pareja es ágama sí o sí. El rechazo total, profundo, radical del amor es lo que define a la agamia. Por supuesto que no se obliga a nadie a abandonar el amor, pero la agamia es tan incompatible con amar, como el veganismo con comer un filete de ternera.
  • “Es decir, no hay gamos. No hay pareja, normas o prohibiciones” . Verdad que en la agamia no hay pareja, pero por supuesto que hay normas: Las de la ética. Y ¡Claro que existen prohibiciones! Lo que no sea ético, vedado. Por muchas ganas que tengas. Lo correcto prevalece sobre el deseo individual. ¿Qué significa esto? Que nadie cometa el error de lanzarse a la agamia creyendo que será menos exigente o más liberal que la monogamia o que el poliamor. Al contrario: Tu catadura moral deberá aumentar; fruto de eso serás más libre, sí, pero no será una libertad en la que hagas lo que quieras a expensas del resto; sino una libertad en la que no abusarán de ti.
  • “¡Que la gente ame y folle con quien quiera! Y si es conmigo, mejor”. Bueno, esto no tiene nada que ver con la propuesta ágama de no amar y de que el sexo sea sin objeto (No necesito a nadie para satisfacer mi deseo sexual). En los principios ágamos se aclara que nos relacionamos con personas de cualquier modelo relacional, pero que no participamos de sus decisiones. Si nos aman, no se les corresponderá. De nuevo esta frase casa más con la propuesta anarcorrelacional.
  • “Cuyas únicas normas son hacer aquello que reporte felicidad, sin atar u obligar a nada a ninguno de los dos.” El deber y la responsabilidad con la comunidad y lxs demás supone una prioridad en la agamia, y al cumplir con ese deber, aparecerán sentimientos como el afecto, el apego y la admiración. Tus relaciones individuales surgirán fruto de la interacción grupal, no a través de un enamoramiento, ni energía de la nueva relación, ni fenómeno semejante.
  • “No te metas donde no te aman”. Al revés; si pretenden amarte ¡Corre por tu vida!
  • “Lo que diferencia la agamia de la soltería es, justamente, que como no cree en los vínculos de pareja, tampoco contempla lo contrario. Ni hay parejas ni hay solteros”. Efectivamente, esta afirmación es 100% ágama.
  • “En realidad, los celos no son más que un miedo a la pérdida de esa persona. Un miedo a que se enamore de otra persona y a que se vaya con ella. ¿Y cuándo se siente miedo a perder algo? Cuando se cree que se posee”. Sí y no. El sentimiento de posesión comienza con el amor; cuando realzas tanto las virtudes de alguien (para justificar su elección sobre otras personas) que quieres ser importante para esa persona. Dicha actitud no se puede separar de cierto grado de posesión; con el amor surge el vínculo gámico y con él los celos. Pero cuidado, porque no todo desasosiego en una relación son celos. Debemos tener presente a la indignación legítima, es decir, la desazón congruente con injusticias cometidas contra nosotrxs, abusos de poder, desigualdades estructurales, etc. El poliamor y la anarquía relacional pecan de este extremo, en dicha situación, a las personas más desfavorecidas se las insta a “gestionar” (aguantarse) la ansiedad consecuencia del abuso, y se les priva de la única herramienta que tienen contra su pareja privilegiada: La protesta.
  • Eso sí, estamos muy de acuerdo con la oposición al patriarcado, al capitalismo y la relevancia de la comunicación. Citando a Amelia Valcárcel: “Lo más importante que hemos aprendido a hacer varones y mujeres desde que el feminismo existe es hablar”.

Ojalá cada vez veamos más publicaciones y entrevistas ágamas, construyendo espacios críticos, respetuosos y abiertos a la ética. ¡Nos vemos pronto!

Del sexo sin amor

Me vais a permitir que le dé hoy muchos patadones a la Historia. Exactamente, a la Historia de la Sexualidad. Siempre he leído que en los años 60 y 70, ocurrió una corriente de liberación sexual, cuya meta era liberar a éste de la prisión judeocristiana, que lo encerraba en el matrimonio y lo confinaba al contexto de procrear. Se pusieron a la venta los anticonceptivos, se hablaba de sexo prematrimonial y de masturbación. Se legalizó el divorcio en algunos países. Posteriormente, el mismo feminismo que apoyó este fenómeno, lo criticaría muy oportunamente, ya que al parecer se nos había pasado por alto el detalle de que tal liberación no nos beneficiaría demasiado a nosotras quienes, de satisfacer a un amo sexual, ahora teníamos varios. De temer a la aparición de una amante, se nos instaba a convertirnos en ella.

Ya cerca de superar el primer cuarto del siglo XXI, me sigue maravillando que la gente se avergüence, por ejemplo, de tener instalado Tinder; y especialmente de entrar en ella a buscar sexo. Por descontado, vergüenza mayor en las mujeres aunque presente también en hombres: “Es que no conozco a nadie aquí”, “quiero aprender idiomas”… Un sinfín de excusas para algo que no debería necesitarlas.

¿Está el sexo sacralizado en nuestra cultura? Sí y no. El sexo, como tal, como actividad que satisface una necesidad biológica, no lo tenemos en un pedestal: Las sexshops ya no son los oscuros tugurios de escaparates opacos que eran en los 90, con los expositores rebosantes de DVDs en cuyas carátulas aparecían decadentes cuerpos recauchutados y untados en aceite; sino agradables locales con personal amable, perspectiva de género y lgtbi. Se ofertan numerosos talleres para disfrutar de la sexualidad y desde hace unos años, se ha ampliado para acoger a las relaciones no monógamas. Diría que, precisamente, su coexistencia con el amor complica su faceta relacional. Es su último bastión; el hueso más duro de roer.

Me explico: En un mundo donde todo pretende conducirte a formar pareja, si el sexo ya no es exclusivo de ella, hay que añadir un aliciente para que el sexo con tu pareja lo consideres mejor, de mayor calidad, más significativo, que el que tendrías con cualquier otra persona. Incluso superior al sexo que tendrías con esa misma persona, si no fuese tu pareja. Para ello, le unimos mediante enlace covalente algo que inherentemente no le corresponde: La intimidad y el afecto. Intimidad y afecto se evaporarán de cualquier otro ámbito de la vida y de cualquier otra relación, para que el acto sexual sea su única fuente. Ahora sí: El sexo con pareja es mejor porque tiene intimidad. Esta quimera preside el altar jerárquico de nuestros modales sexuales. Si aún no detectas el problema, dale la vuelta: A quien no es tu pareja, inconscientemente, lx tratarás peor durante el sexo, o antes, o después, que a aquella persona con la que estás teniendo sexo y es o tienes la esperanza de que se transforme en tu pareja. En vez de eso, deberíamos impartir una educación sexual que mantuviese la dignidad de lxs participantes. Ahora mismo, el amor crea amantes de primera y de segunda categoría. Cuando alguien escenifica el cliché “yo no busco líos de una noche”, quiere decir que no quiere ser tratadx como un pedazo de carne. Pero es que el sexo sin pareja, con el significado actual que posee, nos reduce a eso. Elegir entre una reificación brutal y la anemia afectiva es parte del precio a pagar por ir contra el mandato amoroso.

Pero eso no es todo; como el sexo ejerce el monopolio del afecto, como escasea y apenas puede adquirirse fuera de la pareja, quien necesite afecto tendrá que pasar, obligatoriamente, por el aro del sexo. Mientras que quien solamente busque sexo (horrísono ese “solamente”) experimentará, estupefactx, demanda de afecto. Y desaprobación social por andar en pos de una necesidad, en vez de entregarse a la noble causa de encontrar “el amor verdadero”. ¿Os suena? ¿Habéis presenciado el momento en que se juzga a quien quiere sexo como salidx, frío/a, sin corazón, mala persona, “bala perdida”, inmaduro/a… O se le reprende con condescendencia?

En un entorno social fuerte y sólido donde se recibiese un flujo basal de intimidad, no se necesitaría acudir al sexo para buscarla. Nos sería más fácil identificar nuestras necesidades y perfeccionaríamos la comunicación a la hora de relacionarnos: Pediríamos justo lo que buscamos, sin dobleces.

Tras aprender acerca del valor sociosexual y sobre el complejo sexo-intimidad; desprovisto el sexo de artificios y status social; si tuvieses las necesidades afectivas cubiertas ¿Con quién te acostarías?

Perversxs puritanxs

He ido a varias casas rurales, pero nunca tan emocionada. Se han alineado los planetas y he congeniado con personas que parecen buscar el sexo por el sexo, conscientes de las dinámicas de poder que generan y tratando de reducirlas, en la medida de lo posible, a su mínima expresión. Sexo, sí, pero analizando cada paso, sin ese “dejarse llevar” acrítico y permeable a los abusos, tan propio del ambiente liberal actual. Aquella noche iba a tener lugar un interesante experimento.

Observo, durante la cena, que no haya excesos con el alcohol. He advertido por activa y por pasiva que si alguien se emborracha y su consentimiento genera la mínima duda, quedará fuera. Y ya puede rogar, que la vigilancia será inflexible.

Echo un vistazo furtivamente a mi calendario menstrual: Ovularé mañana. Hoy me siento arrebatadora, fulguran mis ojos, adoro mis tetas. Todo el mundo me cae bien. Todxs lxs presentes me atraen, independientemente de su edad y sexo, y río con facilidad. Flirteo hasta con mi sombra. Estoy on fire. Y aunque no soy la única que espera con expectación los posteriores acontecimientos , en la sobremesa se detectan distintos grados de nerviosismo.

-No pasa nada, la sesión de hoy es con ropa. Informo sonriendo a quienes ya lo saben.

Cuando llega el momento de la verdad, la mesa queda recogida y en el centro de la estancia, una silla aguarda a su primer ocupante. Se recuerdan las normas, claras: En cada turno, alguien se sentará en la silla y expresará de qué formas pueden satisfacerse sus necesidades sexuales. Dado que se entiende el consentimiento de manera que sólo sí es sí, no se le hará nada que no haya explicitado de antemano. Posteriormente, a la persona sentada en la silla se le cubrirán los ojos y tres personas, al azar, elegirán alguno (o varios) de los actos propuestos para realizarlos. Una última norma prohíbe hablar, para eliminar, junto con la privación visual, la información que pudiera afectar a la experiencia sexual, a través de los prejuicios (se trata de disfrutar de lo que te ofrecen, sin pensar si te lo está dando un hombre, una mujer, joven o mayor, etc). Una vez terminase ese tercer agente, quien se sentase designaría al/la siguiente receptor/a. Y todo el/la que quisiera tendría opción de participar.

Dado que la propuesta partió de mí y toda idea es una responsabilidad, se acuerda (¿En qué momento?) que estreno el experimento. Pienso detenidamente qué voy a pedir ¿Besos? Hay quien tiene vello facial, si me besa lo reconoceré y me sesgará el estudio. Vale, descarto los besos, pero accedo a mordiscos suaves, preferentemente en orejas y cuello. Se aceptan pequeños lametones. Que me acaricien los pechos, por encima de la ropa. Caricias en los muslos sí, pero no justo en la entrepierna. Entre la poca vergüenza y la mucha excitación, concluye mi lista de los Reyes (y Reinas) Magxs.

Posteriormente, una suave pañoleta me sume en voluptuosa lobreguez. Ahora me aletea el pulso, a unos 120 latidos por minuto; trato de controlar la frecuencia respiratoria en una pausa donde parece que nada sucede, pero en la que sé que la fortuna está designando a mis tres colaboradorxs eróticxs.

Aterrizan dos manos en la cara anterior de mis muslos. Grandes, cálidas. Tras una breve presión, como agarrándome, me masajean, al principio hacia arriba y hacia abajo, luego visitando también la zona externa, describiendo círculos. De repente siento confianza y humedad. Basculo la pelvis y separo las piernas casi inconscientemente, invitando a la exploración minuciosa. El primer agente no siente apremio por retirarse, se arrodilla frente a mí y provoca acercándose, con todo su cuerpo en general y con sus manos en particular, a ratos, a la región anatómica vetada, que ya emite calor.

Pero qué débil soy, el asalto inaugural ya me ha dejado a punto de caramelo. Mi segundx participante se hace notar a base de diminutas dentelladas en el cuello. Sonrío y me muerdo el labio. Mientras el cepo de un deseo anónimo sigue pinzándome el estómago, asciende a mi oreja izquierda para continuar su labor. Lame el lóbulo mientras su mano suave me sostiene la mejilla derecha. Se le escapa un suspiro en mi oído y… Creo adivinar de quién se trata.

La tercera persona me sorprende. Me toca los pechos muy superficialmente, durante muy poco tiempo, y se va. Por dentro me alarmo, temiendo que se haya incomodado, que haya hecho algo que realmente no quería. Resuelvo hablar más adelante con esa persona, o solicitar que alguien la asista.

Llega la hora de nombrar a quien me suceda en nuestro improvisado trono y ardo en deseos de averiguar quién tenía esas manos que tanto habían conectado con mi cuerpo y que me habían brindado esa agradable experiencia. En este caso, innegablemente se había cumplido el refrán “quien da primero, da dos veces”. Me quito la venda de los ojos…

Aislamiento por parejas

Charlaba con una persona, hace un tiempo, de lo dificultoso que se vuelve hacer amistades pasada cierta edad; no supe en aquel instante argumentar con datos, pero buscando rápidamente en Google, encontré algunos artículos postulando un nivel máximo de amistades a los 25 años; otros, en el mismo sentido, situaban en los 30 el punto de inflexión.

¿Qué sucede a partir de los 25 años? Lxs jóvenes ya están buscando recursos económicos y humanos para proyectos de convivencia y crianza. En nuestra cultura, la crianza sigue perteneciendo al ámbito de la pareja (La opción monomarental/monoparental le sigue en frecuencia, siendo muy escasa la crianza en grupo), y todavía la mayoría de la convivencia. Por tanto, en esas edades se forman parejas, y algunas se institucionalizan a través del matrimonio y la pareja de hecho.

Ahora bien: El amor acaba, y el proyecto de crianza también. La hipoteca no, pero muchas veces no hace bastante contrapeso al malestar que genera la pareja. Por esta sencilla razón, una gran porción de parejas y de matrimonios se rompen. Ha pasado un tiempo, y quien se casó con 30, se divorcia casi con 40 años. Destruido el universo de la pareja, toca relacionarse con el mundo exterior. Pero ¡Oh, cielos! Casi todo el mundo sigue inmerso en la continua persecución de la pareja o en el mantenimiento de una ya formada y no tiene tiempo ni ganas del mero disfrute de la persona por la persona, de una charla de varias horas, de una película o una excursión, de una jornada de caricias y masajes… Pareciera que “sentar la cabeza” no fuese más que reservar exclusivamente al gamos, todas aquellas cosas antaño vividas con un grupo de amistades; y que la pequeña parte de responsabilidad que cada amigx tiene con el resto, se acumula en una sola persona (De acuerdo, la no monogamia ofrece la posibilidad de distribuirlo un poco más, entre varias parejas, pero sigue dividiendo al mundo entre quién es mi pareja/vínculo/relación y quiénes no).

En estos Juegos del Hambre, en la lucha por la supervivencia emocional, al rastrear de nuevo esa colectividad producida naturalmente en la juventud (Hasta que la familia y la sociedad consideran que va tocando “echarse novix”) detectamos tristemente que nos estamos aislando en parejas. Y para colmo de males, culturalmente nos resignamos a este escenario . Ley de vida, se le denomina.

Por eso apuesto por la agamia: Frente a aislamiento en parejas, la colectividad,la responsabilidad dividida y compartida, la convivencia. El placer de un grupo dispuesto frente a pasar frenéticamente perfiles en Tinder (O la aberración conocida como “presentar a alguien”, que no por menos explícita es menos violenta). Saltar en una red, en lugar de caminar sobre la cuerda floja.

Nos vemos en la siguiente.