Agamia for dummies

Cuanto más menciono la agamia, más me preguntan sobre ella. Y es que esta manera de relacionarse busca terminar con las dinámicas insatisfactorias que se crean en torno al poliamor (sensación de tener que “entregarse sexualmente” para obtener cuidados en un mercado sociosexual brutal, de que no pasa de ser una transacción cutre vestida de glamour y apertura mental) y avanzar en el esbozo de la anarquía relacional (acertada al prescindir de la pareja, pero excesivamente timorata al no atreverse a erradicar la fascinación amorosa, además de que, aunque le resta poder a la pareja, no la pone en tela de juicio). Paradójicamente, a mí me resulta más sencilla la práctica que explicar la teoría; porque al no conformarte con las relaciones tradicionales, naturalmente llegas a ella.

Dentro del seno de agamia, en los fuegos del Monte del Destino, se han redactado ocho propuestas relacionales para resumir sus ideales:

  1.  Lo más crucial: La pareja. Las personas ágamas no establecen parejas. La pareja es una estructura con determinadas expectativas familiares, sociales e incluso legales, un rígido corsé en el que no cabemos.
  2. Amor: El amor existe, por supuesto, pero NO es: Ni un sentimiento, ni bueno. Es una forma de entender las relaciones humanas, un paraguas pasteloso bajo el que se consienten el trabajo doméstico no remunerado, las desigualdades, formas más o menos sutiles de violencia (un enamorado “hace locuras” – locuras que cuestan vidas-) y por supuesto, que nadie del exterior pueda criticar estas dinámicas bajo la sombra de lo privado (“los trapos sucios se lavan en casa”). Se rechazan el amor y el enamoramiento (fase de exaltación con cierta base biológica, fomentada y potenciada culturalmente). Bajo ningún concepto el amor se considera atenuante de daño a terceros, es decir: No vale decir “tengo celos porque te quiero”; si tienes celos háztelos mirar y no molestes. Nadie te pidió que te encargaras de su vida sexual.
  3.  Sin amor ni pareja ¿Cómo se establecen los vínculos y cómo se satisfacen las necesidades? El apego sano, el afecto y la admiración son su fundamento.
  4. Sexo: Se designifica el sexo, esto es, vigilamos no intentar “conquistar” mediante el sexo, que no existan segundas intenciones ni siquiera de forma inconsciente, nada de enganchar a nadie ni que quede bajo nuestro dominio. Tampoco que nos dominen.
  5. Orientación/Identidad: Las personas ágamas no tienen género identitario. Se responsabilizan del género por el que son leídas/os/es y se comprometen con la superación de nuestra identidad sexual (no hace falta definirse como bi-homo-hetero… Para no limitar los vínculos en lo que puedan llegar a ser).
  6. Valor sociosexual-Belleza: Las personas ágamas se oponen a las jerarquías sociales de atractivo. Creemos en nuestra capacidad para deconstruir y reconstruir nuestro deseo en función de criterios éticos y políticos, rechazando cualquier discriminación.
  7. Las personas ágamas se relacionan con personas que se adscriben a cualquier modelo relacional, sin olvidar que su apuesta por el amor y el gamos es una amenaza constante para la confiabilidad. Puedes seguir el mandato amoroso… Pero no esperes que una persona ágama se arriesgue, por muy unida que se encuentre a ti.
  8. Discriminación relacional positiva: Consiste en la entrega a las mujeres de cuotas superiores de poder en las relaciones para compensar eficaz y definitivamente su falta de poder estructural.

¿Te has quedado con dudas? ¡Genial! Puedes preguntar en los comentarios. También encontrarás el grupo de agamia en Facebook y mucha más información en este blog .

¡Nos vemos en la próxima publicación!

 

 

Un abrazo significa…

¿Qué significa un abrazo? No me lo había planteado hasta hace poco. De lo que sí me había percatado es que me he sentido muy reconfortada y apoyada en ambientes y grupos donde el contacto físico brillaba por su ausencia; y solemnemente abandonada en sitios donde me abrazaban con mucha frecuencia.

Desde agamia, se ha reflexionado acerca de tal percepción, y se ha identificado una posible causa: El afecto físico, en sí mismo, puede lograr un efecto paliativo ante una reacción emocional intensa, especialmente ante aquellas emociones que responden a que nuestras necesidades no estén siendo cubiertas, como la ira o la tristeza. Pero pasados esos minutos, si al afecto físico no le acompañan unos cuidados reales, probablemente nos decepcionemos, pues termina creándonos la expectativa de unos cuidados que quien nos abraza y nos besa no siempre querrá o podrá ofrecernos.

Entendiendo entonces estos gestos como un cheque en blanco de cuidados que posteriormente la otra persona tendrá intención de cobrar, comenzar un vínculo prodigando muchos abrazos y besos quizá no sea la mejor estrategia. Desde el punto de vista de la agamia, lo óptimo sería hacerlo al revés: Formar el vínculo mediante los cuidados, y desde ahí, definirlo y aplicar los afectos físicos correspondientes. Al mostrar estos afectos a personas con las que, efectivamente, ya existe este intercambio satisfactorio de cuidados, no ha lugar al desengaño, puesto que partimos de alguien con quien podemos contar. Es una forma más justa de relacionarnos, y una manera de evitar la horrible y diseminada sensación de “estar dando mucho y recibiendo poco”.

Y tú ¿Alguna vez has cuestionado cómo gestionas los afectos? ¡Nos vemos en la próxima!

Algoritmo de orientación relacional

Recientemente sinteticé en un esquema las opciones de orientación relacional más conocidas, para encontrarnos en el maremagnum actual respondiendo unas cuantas preguntas.

¿Te gusta? Úsalo

¿No te gusta? Crea el tuyo

¿Te inspira? Actualízalo

Pero no nos olvidemos de crecer y avanzar.

btr

Muerte a la pareja. Larga vida a los vínculos

¿Cuántas personas queridas pueden acompañarnos, compartir su tiempo con nosotres… Gracias a que no tienen pareja?

O dicho de otra forma ¿Cuántas relaciones perderíamos si de pronto se emparejase toda la población mundial? La pareja ¿Une o atomiza?

Dos personas a las que admiro profundamente, que son un ejemplo para mí en muchos aspectos, han decidido “romper” como pareja, recientemente. Parte de su entorno ha reaccionado con cierta tristeza; mas, conociendo la causa de tal decisión, yo sólo puedo ver que su relación, su auténtico vínculo, acaba de empezar.

Por poner otra experiencia, una persona con la que sostengo una estrecha relación, con frecuencia es rechazado por gente monógama, debido a que se define y vive como no monógamo. Hay quien se distancia de él, en pos de obtener una relación monógama (no tiene nada de malo, en la vida debemos decidirnos y seguir nuestro propio camino). Pero quienes no lo hacen ¿Sabéis lo que sucede? ¡Que siguen en su vida! Sin conflictos del tipo “es que no encajas en mi cosmovisión”, “lo lamento, no das el perfil”, ya que estas incompatibilidades sólo son tales en el contexto “parejil”.

Deshacer un gamos, o negarse a formarlo, no implica el fin de ninguna relación. Al revés, es el principio. Permite desarrollarse esa unión adaptándose a quienes la conforman y a las circunstancias, libre de corsés predeterminados que dicten cuándo debes presentarle a tus padres, iros a vivir juntos o traer vidas al mundo. ¿Se pueden tener proyectos de crianza, convivencia y bienes comunes sin pareja? ¡Por supuesto! Si alguien no es tu pareja, no necesitas enamorarte, no lo colocas en un pedestal; tampoco lo cargas con tus expectativas. Todo lo que te ofrezca es bien recibido, todo es ganancia. Y los proyectos y compromisos se establecen igual, con mayor estabilidad incluso, al no estar a merced de los vaivenes románticos.

La no gamia (agamia), es como un lienzo en blanco, pluripotencial. No asume quiénes deben vincularse ni de qué manera; no establece jerarquías y todo, absolutamente todo, es revisable. La pareja no es imprescindible para nada, y dado que tiene tantos efectos secundarios indeseables (celos, posesión, angustia, privilegios de pareja), dudo seriamente que merezca la pena.

Cuando se coloca sobre la mesa esa elección, nuestres interlocutores suelen reaccionar como si les dijésemos que nos gusta desayunar bebés. Porque muy mala persona tienes que ser si no te gusta el amor, eso que te salva, que convierte a periodistas en reinas y a maltratadores en activistas por la paz. Tu anodina existencia se transformará en un filme de acción gracias al amor (bueno, no, pero tardarás unos años en darte cuenta). Es tal la propaganda, que decir que estás contra el amor, o siquiera que lo miras escépticamente, te convierte en une enemigue.

Formar pareja no sirve para nada, se arriesga mucho (para las mujeres, incluso la propia vida) y realmente no aporta más que satisfacer la creencia romántica: “Es que el amor es muy bonito”. ¿Muy bonito? ¿Es más bonito que cualquier otro vínculo de cuidados y satisfacción de necesidades? Nadie lo ha demostrado todavía con nada más que con imágenes edulcoradas, sacadas de contexto (nunca sabremos si entre las fotografías de parejas ancianas que se vuelven virales, hay violencia y un lado oscuro que nos están ocultando); películas irreales, canciones demenciales. Pero ni una prueba fehaciente, no ya de que la pareja sea la mejor relación (que obviamente NO lo es), sino de que ni siquiera sea beneficiosa más allá de los privilegios socioeconómicos, colocados artificialmente.

Alguien preguntará: “Pero, ¿El poliamor y la anarquía relacional no consiguen estas  mismas ventajas?”. Para quebrar el gamos, poliamor y anarquía relacional me resultan opciones muy bien planteadas, adaptativas, funcionales, útiles y que evitan mucho sufrimiento. Para mí, son modelos de transición muy adecuados y en mi caso, cumplieron su propósito a las mil maravillas; pues rechazar la pareja, si se elige, es mejor hacerlo porque se está en paz con une misme y el prójimo, no por misoginia o misantropía.

¿Supone el rechazo a la pareja un avance para la convivencia? El tiempo lo dirá.

¿Qué esperamos realmente de una pareja?

Vale. Estoy convencida. La pareja supone el vínculo más maravilloso, desinteresado, benigno, puro e inmaculado de cuantos entre las personas pudieran producirse. Aunque continúan chirriándome algunos detalles:

  1. Cuando afirmamos “quiero tener pareja” e iniciamos la búsqueda (ya sea en entornos sociales o vía virtual) ¿No estamos buscando un alguien que encaje en un corsé prêt-a-porter de talla única, alguien que cumpla un rol determinado, en vez de celebrar y valorar a la persona en sí? ¿Nos interesa la persona o el rol?

  2. Una de las mentiras más frecuentes que he escuchado: “No tengo expectativas”. Cariño, tu mente anda cuajadita de expectativas porque de antemano, la palabra “pareja” ya tiene en nuestras mentes determinadas funciones; esas expectativas o bien no las has identificado, o bien te estás autocensurando para no expresarlas, porque hoy en día queda anticuado soltarle a alguien que quieres una persona cis hetero para ganar aceptación en tu familia y en la sociedad, firmar un papel que te concede derechos y dinero (sobre todo, dinero), tener descendencia y luego separarte porque algo llamado “amor” resulta que se ha acabado. Siempre defiendo que somos menos guays y más carcas de lo que nos figuramos, que vamos por el mundo creyéndonos modernísimes y deconstruídes como si hace 15 años (un pestañeo en una vida humana) no nos emociónaramos con Disney y El diario de Bridget Jones y no nos tronchásemos de risa con los casposos estereotipos de Los Morancos. Quieres la vida de tus padres. Aunque sabes que fracasa. Y no pasa nada; como dice Will Smith: Falla pronto, falla rápido y falla mejor. Y cuando hayas comprobado en tus carnes que el amor es miseria, ven conmigo a charlar de agamia. O prueba con el poliamor, vuélvetela a pegar “por si acaso” y entonces sí, aprende que la pareja no mola.

  3. La pareja es la única relación entre iguales en la que, secretamente, esperamos influir o cambiar en algo al otrx. Modificar siquiera sus planes. Todes conocemos quien delira de tal manera que no pregunta al principio a su potencial pareja si quiere criar, secretamente a la espera de que si se “enamoran lo suficiente” esa persona independiente se fundirá con ella, virará su trayectoria vital y deseará abandonar los viajes por el mundo para cambiar pañales y enseñar a comportarse a una criatura las 24 horas del día. Cuando nuestros planes no coinciden, en lugar de separar actividades y encontrar otros puntos de encuentro, alguien debe renunciar y ceder.

Si enumero estos escollos es, precisamente, porque me la pegué contra ellos. Así que en un primer momento fui salvajemente sincera sobre lo que quería e invité a la gente de mi entorno a serlo también. Después de la sinceridad, en lugar de “adaptarnos” vino la dulce oportunidad de rebajar las exigencias a los vínculos ¿Y sabéis qué? No hubo drama.

¡Hasta la próxima!

Una nueva religión

¿Alguna vez has reflexionado o te han comentado que, ante la decadencia de las religiones monoteístas, es el amor lo que sustituye el pensamiento mágico de nuestra especie?

Si googleamos “religión”, aparece: Conjunto de creencias religiosas, de normas de comportamiento y de ceremonias de oración o sacrificio que son propias de un determinado grupo humano y con las que el hombre reconoce una relación con la divinidad (un dios o muchos dioses).

Pero el tratamiento que le damos actualmente al amor se asemeja mucho a Dios: Es bondadoso y perfecto; si se evidencian efectos perjudiciales, éstos no se deben al amor ni a Dios, sino a su alter ego malvado (el demonio y el “amor romántico” cargan con la culpa); negarlos tiene implicaciones políticas; hay leyes que los defienden y cuentan con beneficios económicos; se transmiten culturalmente; en su nombre se cometen crímenes; actualmente se les intenta hacer un lavado de cara; son reafirmados mediante ceremonias (sacramentos, boda civil, aniversarios, días especiales en el calendario)… Y lo más importante: Al contrario que con cualquier movimiento social o político, la crítica hacia el amor y Dios provoca reacciones puramente emocionales y no existen argumentos sólidos que los defiendan. Cuestión de fe.

Imaginemos a un extratrerrestre que ignora el amor y acaba de aterrizar en nuestro planeta. Si nos dijera que aborrece el amor, que no le compensa estar acaramelado unos días para luego sufrir y hacer sufrir a otra gente ¿Cómo le convenceríamos para que se enamorase? Si nos asegurase que los cuidados se los puede dar él, o sus amistades (algunos cuidados incluso el Estado) ¿Habría alguna razón disuasoria?

Con estas preguntas os dejo. Espero que le encontremos una respuesta juntes. Ciao!

Sí es amor

Propongo un ejercicio de imaginación: Estamos leyendo las noticias en modo digital. Ya a primera hora de la mañana, un titular resalta ante nuestra vista “se ha estrellado un avión por fallos tanto en la estructura como en las maniobras del piloto”. Se publican las primeras declaraciones de les responsables de la compañía aérea: “Esto no corresponde a verdadera mecánica. Para mí, esto no es pilotar. La buena mecánica y el auténtico pilotaje hacen que llegues sano/a y salvo/a.” Noticia número dos: “Un tribunal concede una indemnización millonaria a una paciente por una negligencia médica”; anexa, la entrevista al personal del hospital: “Cuando haces medicina de verdad, esto no sucede”.

Absurdo ¿Cierto? Inverosímil, cuanto menos. La medicina, la mecánica, el pilotaje y toda acción humana tiene fallos, sale mal e incluso le cuesta la vida a la gente y no por eso “dejan de ser”, no pierden su esencia. Pero ¿Qué ocurre con el amor?

Justo lo contrario: Cuando salen pruebas evidentes y obvias de las reacciones adversas, los efectos secundarios y los fallos que tienen la ideología amorosa y su puesta en práctica, el gamos (Violencia de pareja, posesión, apego, celos, disconfort, desasosiego), no falta quien se adentra de lleno en el incendio social y lo rescata asegurando que “eso no es amor verdadero/del bueno”. Se salva así de inestabilizarse mediante la crítica.

¿A quién se pretende engañar diciendo eso? ¡Pues claro que eso también es amor! La ideología amorosa es neurótica y violenta ya que obliga a quien participa a competir por una porción del pastel de los cuidados, la visibilidad y el afecto. Que el amor trae sufrimiento ya lo sabían nuestres mayores hace algunas generaciones, pero separarse estaba penado moral y/o legalmente y la soltería, especialmente en las mujeres, suponía un suicidio social e incluso no poder comer, por tanto no había escapatoria al gamos, ya supusiera un infierno terrenal. Al carecer de posibilidad práctica para elegir otra vida y con la tranquilidad de no tener que responsabilizarse, actuar ni tomar ninguna decisión, mucha gente criticaba al modelo de pareja como le adolescente que odia a sus padres sin emanciparse nunca.

Las relaciones de pareja actuales, gracias a una mayor libertad e independencia de sus integrantes, son también más lábiles, más frágiles; dependen más de la propia calidad del vínculo y la satisfacción personal aportada. Antiguamente daba igual la felicidad o la desdicha en un matrimonio dada su irreversibilidad, así que podías expresar tranquilamente tu infelicidad. Actualmente no tiene sentido permanecer en un vínculo así y si te quejas posiblemente recibas comentarios responsabilizándote por mantener esa situación en vez de cambiarla. Así que ahora se necesita desgajar las consecuencias negativas del amor que cuestionan su carácter de bondadoso y perfecto (muy similar a la descripción de Dios) y que ponen de manifiesto que tal vez el amor no merece la pena y ha estado sobrevalorado todo este tiempo, sosteniendo que eso “no es amor verdadero”, sino otra cosa. Oye, mira, lo que te pasa es que eres torpe y no lo haces bien ¿sabes? Tienes que estar cayendo en el amor romántico porque de otra forma todo marcharía como una balsa de aceite. El caso es que hasta la fecha nadie ha llegado a la Tierra Prometida, a ese “otro amor” supuestamente sencillo y abundante en el que no tenemos que estar compitiendo continuamente para que no nos abandonen ni tenemos miedo a la escasez de cuidados, aunque de hecho los cuidados escaseen. Si el tiempo, el dinero, nuestra capacidad de cuidar son todos limitados ¿De dónde sale la abundancia en el poliamor? Para ser una especie que ha desarrollado la filosofía, que se cura de sus propias enfermedades y que posee tecnología cada vez más avanzada, extraña un poco esa incapacidad para algo teóricamente tan simple. Puede que no sea posible el amor. O que resulte tan complicado y arriesgado que no valga la pena la hipoteca emocional. Y puede que no importe porque podamos relacionarnos de maneras más saludables.

Hasta prontito.

Poliamor en los medios

¿A que no queda nadie que no haya visto en algún medio o red social algo de poliamor? En diarios digitales, Instagram, Youtube; entrevistas, artículos (muchos desde una perspectiva amable, aunque también alguno confundiendo conceptos), vídeos, podcast. Y la parte que no se ve: Encuestas para trabajos fin de máster y fin de grado. Por nuestra accesibilidad y el clima respetuoso y animado que reina en este ambiente, no me extraña que atraigamos a muches periodistas, psicólogues, trabajadores/as sociales, etc. Formamos un cluster muy especial y se podrían hacer muchos estudios ¿y por qué negarlo? El poliamor es un tema muy interesante y muy divertido. Y pocas veces en la Historia ha habido una época más oportuna para abordarlo: Poca presencia de la religión, libertad de expresión (aunque cada vez, menos), monogamia decadente, sexo disociado de reproducción, feminismo, alternativas al capitalismo… Esta mezcla asegura que los artículos que traten la no monogamia tendrán visitas y likes.

Animo a que cualquiera que sienta la curiosidad y encuentre la oportunidad, realice un trabajo así. Pero, he de advertir una cosa: En estas entrevistas, es casi imposible mantener una distancia emocional. Escribir sobre el cariño, la intimidad, la familia, las emociones, lo que nos da miedo… Asomarnos al abismo de nuestra propia fragilidad, que nos recuerden que somos falibles. Todo eso rebotará en quien nos interroga, y a esa persona, que además suele venir de la Universidad, estar en sus 20 y no tener esquemas demasiado rígidos todavía, le infiltrará este estilo de vida. No digo que tengamos una varita mágica que convierta al poliamor a cualquiera que se nos acerque, pero la verdad es que es rematadamente complicado que alguien te cuente con detalle cómo gestiona los celos y no te veas tú misme reflejade. Personas con edad de ser nuestros/as hermanitos/as pequeños/as, preguntando sobre amor y sexualidad lo que jamás se atrevieron a hablar con sus familias. Activistas con años de experiencia que en dos horas subsanan veinticinco años de analfabetismo emocional. Porque, vuelvo a recordar: La monogamia es el peor modelo relacional, sólo se mantiene como opción mayoritaria apoyándose en la ignorancia de otros modelos, los mitos románticos (sobre todo el de  “la pareja es lo más importante y tu objetivo es conseguir una a toda costa”, “el verdadero amor se dirige solamente a una persona” y “vas a morir en soledad”), el costumbrismo, la tradición y el miedo: Al rechazo, a sufrir violencia, al cambio, a salir de la zona de confort…

Ahora hablo a la gente no profesional: Antes de ir a una asociación no monógama a hablar de orientación relacional o preguntar a alguien que conocemos sobre su vida no monógama, aconsejo primero leer en casa. Entrar en el terreno emocional puede despertar fantasmas del pasado, revivir escenas vitales que no tenemos superadas (por ejemplo, una infidelidad entre progenitores que dolió mucho en la infancia), triángulos amorosos en el que amamos a dos personas y tuvimos que elegir a una de ellas o ninguna, ganas ocultas de intentar este tipo de vida que debemos silenciar repitiéndonos que nosotres “somos incapaces de estar con otra persona cuando nos enamoramos”… Estos recuerdos y ansias reprimidas pueden despertar ira, dolor o miedo durante la conversación y eso nos hará atacar y juzgar a la persona no monógama, como si fuese ella la que amenaza nuestra calma. Por eso, mejor gestionar estas emociones en casa que reaccionar portándonos de manera muy desconsiderada. Creedme, noto a la legua cuándo alguien que me pregunta sobre mi vida se ha informado antes y lleva tiempo rumiando la conversación y cuándo mi anarquía relacional le está pillando de improviso y arrollándolo como un tsunami: En el primero de los casos, las preguntas, respetuosas, suenan a ganas de querer aprender (por ejemplo: “¿qué me aconsejas para gestionar los celos?”). En el segundo, se intuye intención de humillar (por ejemplo: “¿y tú cómo permites que tu pareja se folle a quien quiera?”). Ese es uno de los motivos por los que tengo este blog: Mejor leer aquí y que te hierva la sangre frente a la pantalla del ordenador o el móvil, que ofender a alguien que ya bastante tiene con hacer lo contrario que quiere el sistema: Ser conciente, ser libre y no poseer a nadie.

¡Hasta la próxima!

Lo que tu modelo relacional cuenta sobre tu percepción de la igualdad de género

Precaución: Abandone inmediatamente este post si tiene una piel demasiado fina o un ego demasiado grande.

Vaya por delante que, a excepción del swinger, he vivido o sigo viviendo todas las demás orientaciones relacionales. Así que he probado de primera mano cada una, con lo mejor y lo peor. Y cómo, conforme mi deconstrucción avanza, me da la impresión de que se van “quedando pequeñas”. Podría dar la impresión de ser algo malo, pero para mí, refleja una realidad: Cada persona está en un punto de su desarrollo personal, a cada etapa corresponde un grado y no es una elección estática. Eso sí, frente a las definiciones “académicas”, en la práctica los modelos se solapan. En mi caso, lo tengo identificado: A medida que dejaba de sentirme culpable por cuidar a mis otras parejas, mis relaciones evolucionaron del poliamor jerárquico al no jerárquico. Al utilizar cada vez menos etiquetas, cuando el romanticismo se quedó caquéctico y el conjunto amistad-erotismo-amor se desdibujó, necesité la anarquía relacional. Y hasta que no sentí que el gamos me asfixia y que el amor es la estafa mejor vista, no me lancé a la agamia.

¿Por qué toda esta diversidad? Porque la sociedad es heterogénea, y especialmente con la igualdad de género. Socialmente se imponen dos roles de género, masculino y femenino, y el primero está colocado por encima del segundo. ¿Qué encontramos entre la opiniones (aquí viene muy bien leer un poco las redes sociales)? Que convive, al mismo tiempo, mujeres y hombres (cis y trans) empecinades en desmantelar detalle por detalle el machismo, apoyan la consecución de derechos como el aborto, la circulación libre y segura por la calle sin violaciones ni acoso, que promueven la abolición del comercio con mujeres… Con gente que sigue creyendo que la víctima de La Manada se lo buscó, que el colectivo lgtb causaremos nuestra extinción y que la mujer buena, calla y aguanta. Hay quien sueña con la media naranja y quien se niega a engrosar la lista de depresiones por rupturas. Quien se regocija en dejar a su red libre y a su ser y quien se desgañita defendiendo que “si de verdad amas, no te fijas en nadie más”. Y en medio de todo esto, montones de matices, personas que racionalmente querrían vivir el amor libre pero ¡ay! el miedo a la soledad, y al qué dirán, y a traicionar los valores de la familia…

Por todo esto, cuando un porcentaje de población no queda a gusto con el nivel de deconstrucción de género y de roles (incluyo parejas del mismo sexo y personas no binarias) y piden más, alguien compone una nueva orientación relacional que satisfaga los anhelos de libertad de igualdad de esa cohorte. Posteriormente, la nueva orientación gana adeptos/as y horada un huequecito en las no monogamias; hay debate; quienes estaban a la vanguardia puede que se queden atrás, y a medida que progresamos, saltamos como pulgas al siguiente nivel. Esto, insisto y me repito, no nos hace mejores ni peores. Yo molaba como parte de una pareja abierta, molaba como poliamorosa jerárquica y sigo molando como anarcorrelacional-ágama. Y tú, optes por lo que optes, incluso si todavía no te imaginas cómo diseñarás tu red afectiva, también molas.

¡Hasta la próxima!

Gestión de los celos: Usos y abusos

Asunto vital en el mundo de las relaciones sexoafectivas en general, y en la no monogamia en particular. Probablemente la duda más frecuente para quien se inicia, y asignatura pendiente incluso de las más veteranas. En materia de celos, el crecimiento personal y la mejora de la autoestima no deben abandonarse nunca porque, si bien su frecuencia de aparición y su efecto emocional va disminuyendo conforme los trabajamos, no se debe bajar la guardia.

Bajo el término “celos” (que no aporta demasiada información) se esconden grosso modo ocho sentimientos: Necesidad de control (ligado a desigualdades y el que más violencia genera), inseguridad, miedo a la pérdida, temor al rechazo, soledad, injusticia/inequidad, sentimiento se inferioridad y sensación de escasez

Después de 8 años como no monógama, veo la gestión de los celos como un punto medio virtuoso entre dos extremos perjudiciales. En ese centro, en una escena de celos bien gestionada, quien cela expone sus miedos e inseguridades, tras reflexionar detecta sus necesidades y pide los cuidados que le hacen falta por parte de la persona celada en ese momento. A la vez, se compromete a cultivar aquellas áreas más débiles que generaron los celos. Por su parte, la persona celada recoge las emociones de su pareja, se comporta con empatía y responsabilidad, le ayuda a resolver el problema en la medida de sus posibilidades y le ofrece cuidados inmediatos.

Ahora hablemos de los dos extremos: En uno de ellos estaría el victimismo, en el que la persona que cela emplea una y otra vez esta circunstancia para manipular la conducta de su pareja, sin intención de mejorar ni solucionar la causa de los celos. De manera general, este extremo lo encontramos más asociado al estereotipo femenino. En el otro, tendríamos la elusión de responsabilidades, relacionada en mayor medida con el estereotipo masculino, en el que la persona celada desampara a la que cela, se niega a cuidarla e incluso la estigmatiza y la tacha de “poco evolucionada”, culpándola de sus emociones. Cualquiera puede situarse en uno de estos puntos, que generan mucha frustración y sufrimiento. Para evitarlos, la única solución que he encontrado ha sido aumentar mi autoestima, volverme más empática y generosa y no permitir que mi ego fragüe diálogos internos en los que me convenzo que las cosas no son como a mí me gustaría. A rasgos generales, a mayor independencia y menos ego, menos celos. También me ha ayudado la asertividad, con la que comunico mis necesidades sin someterme ni volverme agresiva.

Y ¿Qué sucede con los celos en la monogamia? Aunque a priori pudiera parecer lo contrario, me resultan más complicados de gestionar; porque mientras en el poliamor, etc. hacerlo exitosamente recibe apoyo unánime de la comunidad, gestionar los celos en la monogamia genera una reacción ambivalente tanto en la propia persona como en el entorno: Aunque la violencia física por celos lentamente va cogiendo peor fama (no olvidemos que hasta no hace mucho era una razón legítima para asesinar, y lo sigue siendo actualmente para controlar a dónde va o con quién habla tu pareja), los celos en la monogamia están bien vistos, incluso son interpretados como señal de que te importa más ese vínculo. Por tanto, si estas personas no vigilan activamente a su pareja, se les recrimina, se entiende que se están “relajando” y que su actitud permisiva provocará una infidelidad. Esta situación de “celos sí, pero sin pasarse”, unido a la arbitrariedad de lo que cada cual entienda por “pasarse”, produce mensajes contradictorios que hacen terriblemente difícil e improbable una monogamia sin la agonía y la angustia de los celos. Hay excepciones, claro, personas monógamas que confían plenamente en su pareja, pero incluso estas satisfechas excepciones se han construido bien sobre la conducta irreprochable de parejas que “no sólo son buenas, sino que lo parecen”, o bien sobre la resignada ingenuidad de quien en el fondo asume que la monogamia es una imposición muy poco natural y prefiere no saber. Es decir, no hay verdadera superación de esos celos (Ojo, hay gente no monógama que no se siente preparada de primeras para saber todo lo que hacen sus otras relaciones y eso no les hace peores. Cada cual se encuentra en un punto evolutivo, defiendo que el fin óptimo para mí, es poder conocer lo que sucede, con compersión por la felicidad de nuestra pareja).

¿Alguna vez te habías planteado este tema? ¿Qué conductas de tu/s pareja/s o vínculos te generan celos? ¿Reconoces los sentimiento y necesidades que residen bajo esos celos?

¡Nos vemos en el próximo post!