Novogamia: Luces y sombras

La representación importa. Si bien personalmente me posiciono al elegir mi modelo relacional, trato de incluir en mis artículos, en el algoritmo… En definitiva, en el contenido que genero sobre orientación relacional, todos los modelos. ¿Por qué? Para que nadie sienta soledad por sus sentimientos, o por cómo se imagina las relaciones interpersonales. Tenemos derecho a expresarnos y a que nos entiendan.

Cuando vi en la red una propuesta relacional de la que nunca había escuchado, alcé las orejas como un gato y me emocioné: La novogamia ¿Qué es eso? He escuchado las entrevistas y espacios dedicados a su creador, Jorge Ferrer, y la ilusión inicial… Se me desinfló un poco.

Que nadie me malinterprete; la aparición de este modelo es positiva: Es un síntoma más de que la decadencia de la monogamia y la creación de tribus no se quedan ya en tesinas y ensayos de Psicología y Antropología, sino que se asientan como una opinión compartida por cada vez más gente. El resurgir de la filosofía, la vuelta de la espiritualidad (ya sin religión), la revalorización de las emociones, del bienestar mental y la búsqueda de relaciones beneficiosas que no nos hagan malgastar el tiempo son otras características que percibo en la novogamia. Ahora bien, le encuentro varios cabos sueltos:

  • Parte de un supuesto “binomio” monogamia-poliamor, del cual se ofrece como tercera alternativa. Si habéis leído más blogs sobre no monogamias, ya sabréis que tal binomio no existe; sino que hay toda una amalgama relacional, un espectro que va desde la monogamia tradicional a la total destrucción de la pareja, con 6 modelos intermedios de los que la novogamia se olvida… Y algunos, como el swinger o las relaciones abiertas, existían mucho antes que el poliamor.
  • Está todavía en sus comienzos: Este es el inconveniente menos relevante, ya que si la novogamia está destinada a tener su lugar como alternativa, el tiempo lo subsanará. Lo pongo como problema porque al no tener decididos sus principios y características, me cuesta imaginarla e imbricarla en el esquema (pido perdón por mi mente cuadriculada). La situaría, por la crítica de Jorge Ferrer a la exclusividad y a los celos, en una no-monogamia, pero ignoro en qué parte.
  • Contiene una postura criticada en todas las no-monogamias y cuyo rechazo, comparto: El maldito fluir. Fluir como dejarse llevar, como poner el piloto automático y olvidar las convenciones sociales, bajo la premisa de que la espontaneidad tiende a los actos bondadosos. Al principio suena increíble, pero siempre termina mal. Porque, amigas/os/es, olvida que nuestro “fluir” está influido y programado socialmente, con lo que si nos abandonamos a la inconsciencia y nos relacionamos con el prójimo acríticamente, reproduciremos invariablemente todos los fallos sociales y las desigualdades estructurales que al ser horizontales y encontrarse en todos los órdenes de la vida, tenemos normalizados: Violencia; discriminación por orientación e identidad sexual, género, etnia, edad, nivel socioeconómico; los mitos románticos; formación de parejas (incluso si en un principio no queríamos); escalera mecánica; valor sociosexual… Se suele defender “fluir” cuando en un modelo no está claro su objetivo político (¿Continuación de las jerarquías? ¿Creación de una élite conectada sexoafectivamente? ¿Construcción de una aldea global? ¿Capitalismo o no capitalismo? ¿Mantener el status quo?) y normalmente insisten en “fluir” aquellas personas que socialmente acumulan más privilegios y que saben que no se arriesgan al relacionarse con otras personas (porque su posición les garantiza la seguridad).
  • Otra idea de Jorge Ferrer es que defender la monogamia o el poliamor (para él, ya sabemos que no hay nada más) implica aborrecer al otro modelo. Obviamente eso tampoco es verdad; aunque sí puedes pensar que un modelo es mejor que otro y eso no es odiar, se llama: preferencias ¿O es que si mi color preferido es el naranja, significa que odio a quien vista otro color?

¿Qué es la novogamia? Pues rechazar la monogamia pero flojito, no vaya a ser que haya que cuestionar y deconstruirte como en el poliamor. Atención, que yo soy la primera que defiendo como natural el ir transitando de modelo a modelo en función de tu momento vital. Ojalá se termine consolidando esta propuesta, de momento, por su argumentario y sus ideas, yo lo encuadraría en la zona gris de relación no monógama sin definir.

Si alguien conoce más de este tema, encantada de leeros.

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¿Qué entiendes tú por amor?

He elegido como título la sempiterna respuesta (si bien pregunta) de cualquier ser amatonormado que oye hablar por primera vez en contra del amor. No me extraña. Es la reacción natural; la persona se queda impactada y te exige una explicación, porque “¡a ver qué te has creído tú que es el amor para decir que es malo! Cuando me dicen esto, me figuro la mente de mi interlocutor/a así: “No puede ser que lleve toda mi vida defendiendo como lo más maravilloso de la existencia, una ideología cruel y violenta ¡Esta tía debe de estar confundiéndolo con el amor romántico/tóxico/Disney/de telenovela del que evidentemente estoy por encima y tengo superadísimo”.

Asisto entonces a un esfuerzo voluntario semiconsciente de alguien que se aferra a Matrix. Claro, eso es: Estamos confundiendo el “amor del bueno” (que no es más que el sistema estabilizándose en la injusticia; el ser humano adaptándose resilientemente a una condición subóptima de supervivencia) con ese en el que está lo malo: Todo tipo de violencia (incluida la de género), la dependencia emocional que conduce a aguantar entornos insalubres e infelices, las desigualdades, el consumismo, la monotonía o el estrés (dependiendo de dónde nos situemos dentro del abanico monogamia-anarquía relacional), las infidelidades… Esa ceguera selectiva que nos impide ver el sufrimiento en el amor, que hasta hace unos años excusábamos en esa expresión ñoña de “el amor es bello incluso cuando duele”, y actualmente, conforme vamos desnaturalizando la violencia y ya no renta, pretendemos separarlo en dos tipos de amor, indivisibles en la práctica porque sólo es uno. ¿Que qué entiendo yo por amor? Pues lo mismo que tú: Un sentimiento que te lleva a cuidar gente en base a unos criterios que tú consideras espontáneos e innatos, pero que curiosamente coinciden con lo culturalmente deseable. Y que quienes no cumplen esos criterios, quedan en soledad. Un mercado en el que se compra, se vende y se regatea intentando adquirir lo más valioso al menor precio posible. Un “sálvese quien pueda” en el que, si conseguimos un producto (pareja) de calidad aceptable, nos contentamos (al menos hasta que aparezca alguien mejor), nos serenamos y hacemos la vista gorda frente a las personas que siguen sufriendo. Tenemos el mismo concepto, pero tú te empeñas en seguir defendiéndolo a capa y espada y yo he tirado la toalla, no voy a justificar más lo injustificable.

Otra situación mezquina que creo que todo el mundo hemos vivido alguna vez: Cuando una amistad nos cuenta su zozobra amorosa, la consolamos con un “ya habrá alguien para ti, vales mucho”… ¿Vales mucho? ¿En serio?¿Somos conscientes en ese momento de que las virtudes de esa persona no cuentan ni en Tinder ni en la vida real? ¿Por qué engañamos, peor todavía, creemos que engañaremos, a alguien mayor, poco agraciade/a/o, pobre, etc. que sabe que lo que la separa de encontrar su “amor ideal” son 20 años, 20 kilos o 20 millones de euros? Al final, preferirá una pareja “a su altura” (es decir, menos rica, joven y guapa de lo que le gustaría) a la carestía de atenciones.

No malinterpretemos: Este es un artículo de hermandad. Mi queride amanotormade: Toda la peña que ahora critica el amor ha estado en tu lugar (deberías haberme visto a mí el año pasado, era la paladina del amor); venimos del mismo sitio. No me he iluminado, ni descubierto la penicilina, ni soy más lista que nadie: me he cansado. La esperanza, la he puesto en otras cosas: En la vida misma, en otros vínculos, en otros proyectos. En buscar y fabricar nodos de relaciones equitativas que sean un oasis; en levantar un hospital de campaña en el epicentro de esta guerra. Un lugar al que acudir cuando te canses de estos infames Juegos del Hambre.

¿Nos seguimos viendo? Espero que sí 🙂

No me toques los amores

He asistido a una vehemente polémica porque en las redes sociales de grupos de poliamor se ha difundido la siguiente cita, de Brigitte Vasallo (activista lgtbi y feminista):

“La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de más gente sin que nadie se quiebre en el camino.”

Iniciaré la crítica por el final: El objetivo más importante y el principal fracaso del poliamor es “que nadie se quiebre en el camino” ¿Verdad? La gente se quiebra porque, siendo socialmente dependientes y precisando cuidados, no se satisfacen sus necesidades (en las relaciones, sobre todo hablamos de necesidades sexoafectivas, pero a veces también económicas). Bien, para entender el fallo de diseño del poliamor hay que desentrañar la monogamia. La monogamia es un pacto que te garantiza (por lo menos teóricamente) cuidados económicos, físicos, emocionales, sexuales y sociales por un módico precio: tu exclusividad sexoafectiva.  Para conseguir esto, primero entramos en el “mercado” (representado explícitamente por los bares, discotecas o aplicaciones digitales), nos fijamos en alguien, rivalizamos con otras personas para seducirla, en el proceso la idealizamos un poco (o mucho) y la convencemos más o menos conscientemente para que acepte formar una pareja, satisfacer nuestras necesidades y guardarnos exclusividad a cambio de lo mismo. La exclusividad la llevamos muy mal, y como el porcentaje de infidelidades es tan grande y la sensación de traición, abrumadora (desde peques se nos transmite directa o indirectamente que los cuernos son una tragedia), se inventó el poliamor. Los/as poliamorosos/as son personas que se niegan tanto a renunciar a la diversidad sexoafectiva como a mentir.

En la monogamia, mientras la relación no se rompa, cuentas con una buena parte del tiempo de esa persona para ti; todo lo que no sea dormir, trabajar o la familia nos toca a nosotras/os. Es decir, tras la conquista inicial, llega una época de estabilidad, de calma chicha en la que abandonamos el atroz mercado del amor porque ya tenemos a nuestro lado a quien colme nuestros deseos. En esa etapa, descansamos. Hasta que la relación termine.

Pero ¿Y en el poliamor? Pues aunque el poliamor resuelve la monotonía sexoafectiva, pierde también esa tranquilidad donde nuestras necesidades están satisfechas. La monogamia a la larga aburre, pero mientras nos encontramos saciadas/os. En el poliamor te encuentras con que el tiempo de tu pareja hay que repartirlo entre varias personas, y entra y sale gente en la ecuación sin parar. Por tanto, ya nadie te asegura que tus necesidades vayan a cumplirse; la competición es eterna porque 1) Como tu pareja no es exclusiva, necesitarás enamorar a varias parejas para ejercer las funciones que antes hacía una y 2) Si una de tus parejas se enamora de otra persona más intensamente, probablemente se le vaya la olla y tú te quedes, al menos temporalmente, entre un poco descuidada/o y a dos velas. Esto, como podréis imaginar, agota inevitablemente a cualquiera. Pero ojo, los cuidados tampoco se reparten equitativamente:  Una minoría poseedora de mayor valor sociosexual (físico, género, nivel socioeconómico, edad, capacidades, etnia…) tiene una larga lista de amantes deseando cuidarles y salen ganando siempre, obtienen mucha atención con poco esfuerzo; mientras que la mayoría tiene que gastar mucho tiempo y energía en sobresalir de algún modo si quiere conseguir un trozo del pastel de los cuidados. Pugnas como cuando anhelabas dejar la soltería monógama, pero peor: Tu gamos, al multiplicarse la oferta (tu “puesto” en la vida de tu pareja ya no es solo para ti), se ha devaluado. Esta mayoría es la que apenas podrá dedicarse a otra cosa más que a luchar por algo de atención (descuidándose a sí misma, a su trabajo, sus aficiones…) y sufre. La desigualdad origina escasez.

¿Por qué pasa esto y por qué ni Brigitte Vasallo ni nadie del poliamor ha resuelto este enigma? Porque cometen el mismo error: Se basan en que primero te enamoras, y luego cuidas. Satisfacer las necesidades se supedita al amor; tiene que existir amor primero, es condición sine qua non. Aunque quien ames no tenga ya hueco en la agenda de tanta gente que la cuida. Aunque a pocos metros haya una persona desatendida. Pero como a la primera la amas y a la otra no… El amor es injusto y tiránico porque en vez de guiarse por la ética lo hace por la fascinación, la idealización y las emociones (factores excesivamente mudadizos y caprichosos como para actuar en función de ellos) y al repartirse de forma desigual (mucha gente codicia a unos/as cuantos/as privilegiados/as), crea inequidades en los cuidados.

Dicho esto, quien quiera es libre de seguir subiéndose al Titanic; pero no quiero reclamaciones cuando éste vuelva a hundirse. No se obtienen distintos resultados repitiendo el mismo método.

Por cierto, hay un modelo que rechaza el amor y pretende repartir los cuidados según la ética y la justicia, apareciendo el afecto y el apego sano en el proceso ¿Puedes adivinar cuál es?

¡Hasta pronto!

Agamia for dummies

Cuanto más menciono la agamia, más me preguntan sobre ella. Y es que esta manera de relacionarse busca terminar con las dinámicas insatisfactorias que se crean en torno al poliamor (sensación de tener que “entregarse sexualmente” para obtener cuidados en un mercado sociosexual brutal, de que no pasa de ser una transacción cutre vestida de glamour y apertura mental) y avanzar en el esbozo de la anarquía relacional (acertada al prescindir de la pareja, pero excesivamente timorata al no atreverse a erradicar la fascinación amorosa, además de que, aunque le resta poder a la pareja, no la pone en tela de juicio). Paradójicamente, a mí me resulta más sencilla la práctica que explicar la teoría; porque al no conformarte con las relaciones tradicionales, naturalmente llegas a ella.

Dentro del seno de agamia, en los fuegos del Monte del Destino, se han redactado ocho propuestas relacionales para resumir sus ideales:

  1.  Lo más crucial: La pareja. Las personas ágamas no establecen parejas. La pareja es una estructura con determinadas expectativas familiares, sociales e incluso legales, un rígido corsé en el que no cabemos.
  2. Amor: El amor existe, por supuesto, pero NO es: Ni un sentimiento, ni bueno. Es una forma de entender las relaciones humanas, un paraguas pasteloso bajo el que se consienten el trabajo doméstico no remunerado, las desigualdades, formas más o menos sutiles de violencia (un enamorado “hace locuras” – locuras que cuestan vidas-) y por supuesto, que nadie del exterior pueda criticar estas dinámicas bajo la sombra de lo privado (“los trapos sucios se lavan en casa”). Se rechazan el amor y el enamoramiento (fase de exaltación con cierta base biológica, fomentada y potenciada culturalmente). Bajo ningún concepto el amor se considera atenuante de daño a terceros, es decir: No vale decir “tengo celos porque te quiero”; si tienes celos háztelos mirar y no molestes. Nadie te pidió que te encargaras de su vida sexual.
  3.  Sin amor ni pareja ¿Cómo se establecen los vínculos y cómo se satisfacen las necesidades? El apego sano, el afecto y la admiración son su fundamento.
  4. Sexo: Se designifica el sexo, esto es, vigilamos no intentar “conquistar” mediante el sexo, que no existan segundas intenciones ni siquiera de forma inconsciente, nada de enganchar a nadie ni que quede bajo nuestro dominio. Tampoco que nos dominen.
  5. Orientación/Identidad: Las personas ágamas no tienen género identitario. Se responsabilizan del género por el que son leídas/os/es y se comprometen con la superación de nuestra identidad sexual (no hace falta definirse como bi-homo-hetero… Para no limitar los vínculos en lo que puedan llegar a ser).
  6. Valor sociosexual-Belleza: Las personas ágamas se oponen a las jerarquías sociales de atractivo. Creemos en nuestra capacidad para deconstruir y reconstruir nuestro deseo en función de criterios éticos y políticos, rechazando cualquier discriminación.
  7. Las personas ágamas se relacionan con personas que se adscriben a cualquier modelo relacional, sin olvidar que su apuesta por el amor y el gamos es una amenaza constante para la confiabilidad. Puedes seguir el mandato amoroso… Pero no esperes que una persona ágama se arriesgue, por muy unida que se encuentre a ti.
  8. Discriminación relacional positiva: Consiste en la entrega a las mujeres de cuotas superiores de poder en las relaciones para compensar eficaz y definitivamente su falta de poder estructural.

¿Te has quedado con dudas? ¡Genial! Puedes preguntar en los comentarios. También encontrarás el grupo de agamia en Facebook y mucha más información en este blog .

¡Nos vemos en la próxima publicación!

 

 

Un abrazo significa…

¿Qué significa un abrazo? No me lo había planteado hasta hace poco. De lo que sí me había percatado es que me he sentido muy reconfortada y apoyada en ambientes y grupos donde el contacto físico brillaba por su ausencia; y solemnemente abandonada en sitios donde me abrazaban con mucha frecuencia.

Desde agamia, se ha reflexionado acerca de tal percepción, y se ha identificado una posible causa: El afecto físico, en sí mismo, puede lograr un efecto paliativo ante una reacción emocional intensa, especialmente ante aquellas emociones que responden a que nuestras necesidades no estén siendo cubiertas, como la ira o la tristeza. Pero pasados esos minutos, si al afecto físico no le acompañan unos cuidados reales, probablemente nos decepcionemos, pues termina creándonos la expectativa de unos cuidados que quien nos abraza y nos besa no siempre querrá o podrá ofrecernos.

Entendiendo entonces estos gestos como un cheque en blanco de cuidados que posteriormente la otra persona tendrá intención de cobrar, comenzar un vínculo prodigando muchos abrazos y besos quizá no sea la mejor estrategia. Desde el punto de vista de la agamia, lo óptimo sería hacerlo al revés: Formar el vínculo mediante los cuidados, y desde ahí, definirlo y aplicar los afectos físicos correspondientes. Al mostrar estos afectos a personas con las que, efectivamente, ya existe este intercambio satisfactorio de cuidados, no ha lugar al desengaño, puesto que partimos de alguien con quien podemos contar. Es una forma más justa de relacionarnos, y una manera de evitar la horrible y diseminada sensación de “estar dando mucho y recibiendo poco”.

Y tú ¿Alguna vez has cuestionado cómo gestionas los afectos? ¡Nos vemos en la próxima!

Algoritmo de orientación relacional

Recientemente sinteticé en un esquema las opciones de orientación relacional más conocidas, para encontrarnos en el maremagnum actual respondiendo unas cuantas preguntas.

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¿Te inspira? Actualízalo

Pero no nos olvidemos de crecer y avanzar.

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Muerte a la pareja. Larga vida a los vínculos

¿Cuántas personas queridas pueden acompañarnos, compartir su tiempo con nosotres… Gracias a que no tienen pareja?

O dicho de otra forma ¿Cuántas relaciones perderíamos si de pronto se emparejase toda la población mundial? La pareja ¿Une o atomiza?

Dos personas a las que admiro profundamente, que son un ejemplo para mí en muchos aspectos, han decidido “romper” como pareja, recientemente. Parte de su entorno ha reaccionado con cierta tristeza; mas, conociendo la causa de tal decisión, yo sólo puedo ver que su relación, su auténtico vínculo, acaba de empezar.

Por poner otra experiencia, una persona con la que sostengo una estrecha relación, con frecuencia es rechazado por gente monógama, debido a que se define y vive como no monógamo. Hay quien se distancia de él, en pos de obtener una relación monógama (no tiene nada de malo, en la vida debemos decidirnos y seguir nuestro propio camino). Pero quienes no lo hacen ¿Sabéis lo que sucede? ¡Que siguen en su vida! Sin conflictos del tipo “es que no encajas en mi cosmovisión”, “lo lamento, no das el perfil”, ya que estas incompatibilidades sólo son tales en el contexto “parejil”.

Deshacer un gamos, o negarse a formarlo, no implica el fin de ninguna relación. Al revés, es el principio. Permite desarrollarse esa unión adaptándose a quienes la conforman y a las circunstancias, libre de corsés predeterminados que dicten cuándo debes presentarle a tus padres, iros a vivir juntos o traer vidas al mundo. ¿Se pueden tener proyectos de crianza, convivencia y bienes comunes sin pareja? ¡Por supuesto! Si alguien no es tu pareja, no necesitas enamorarte, no lo colocas en un pedestal; tampoco lo cargas con tus expectativas. Todo lo que te ofrezca es bien recibido, todo es ganancia. Y los proyectos y compromisos se establecen igual, con mayor estabilidad incluso, al no estar a merced de los vaivenes románticos.

La no gamia (agamia), es como un lienzo en blanco, pluripotencial. No asume quiénes deben vincularse ni de qué manera; no establece jerarquías y todo, absolutamente todo, es revisable. La pareja no es imprescindible para nada, y dado que tiene tantos efectos secundarios indeseables (celos, posesión, angustia, privilegios de pareja), dudo seriamente que merezca la pena.

Cuando se coloca sobre la mesa esa elección, nuestres interlocutores suelen reaccionar como si les dijésemos que nos gusta desayunar bebés. Porque muy mala persona tienes que ser si no te gusta el amor, eso que te salva, que convierte a periodistas en reinas y a maltratadores en activistas por la paz. Tu anodina existencia se transformará en un filme de acción gracias al amor (bueno, no, pero tardarás unos años en darte cuenta). Es tal la propaganda, que decir que estás contra el amor, o siquiera que lo miras escépticamente, te convierte en une enemigue.

Formar pareja no sirve para nada, se arriesga mucho (para las mujeres, incluso la propia vida) y realmente no aporta más que satisfacer la creencia romántica: “Es que el amor es muy bonito”. ¿Muy bonito? ¿Es más bonito que cualquier otro vínculo de cuidados y satisfacción de necesidades? Nadie lo ha demostrado todavía con nada más que con imágenes edulcoradas, sacadas de contexto (nunca sabremos si entre las fotografías de parejas ancianas que se vuelven virales, hay violencia y un lado oscuro que nos están ocultando); películas irreales, canciones demenciales. Pero ni una prueba fehaciente, no ya de que la pareja sea la mejor relación (que obviamente NO lo es), sino de que ni siquiera sea beneficiosa más allá de los privilegios socioeconómicos, colocados artificialmente.

Alguien preguntará: “Pero, ¿El poliamor y la anarquía relacional no consiguen estas  mismas ventajas?”. Para quebrar el gamos, poliamor y anarquía relacional me resultan opciones muy bien planteadas, adaptativas, funcionales, útiles y que evitan mucho sufrimiento. Para mí, son modelos de transición muy adecuados y en mi caso, cumplieron su propósito a las mil maravillas; pues rechazar la pareja, si se elige, es mejor hacerlo porque se está en paz con une misme y el prójimo, no por misoginia o misantropía.

¿Supone el rechazo a la pareja un avance para la convivencia? El tiempo lo dirá.