Ciencia + Feminismo = Parto domiciliario (cuando toca)

La ciencia y la tecnología, en los últimos tiempos, gozan de gran popularidad y no sin motivo: El rigor científico a la hora de ampliar conocimientos, de encontrar las mejores respuestas a preguntas que nos sumen en la incertidumbre y las facilidades que nos brinda la tecnología, las convierte en amigas de la sociedad humana. El saber científico es “lo más verdadero” hasta que una verdad mayor lo desmienta. Pero algunos aforismos, sobre todo en el ámbito médico, terminan transformándose en creencias que arraigan como el más tradicional de los dogmas, a veces sin demasiada evidencia o actitud crítica. Que un algoritmo médico se actualice cada seis meses no debería dar la imagen de que no se tiene ni idea, sino de que resume un campo en constante evolución.

No puedo ser médica y feminista sin dar espacio para hablar de la violencia obstétrica. Según la UNESCO, la violencia obstétrica es “un tipo de violencia de género y una violación de los derechos humanos. Implica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa por un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.  Esta violencia se produce en centros públicos y privados y se aprovecha de la situación de vulnerabilidad durante gestación, parto y puerperio. El discurso biomédico con demasiada frecuencia es arrogante, ignorante y medicalizador. Frente a esta situación injusta, surge una alternativa: El parto en casa. Según este estudio, quienes eligen traer a su criatura al mundo en casa refieren hacerlo mayoritariamente para evitar intervenciones innecesarias, por comodidad y familiaridad y por la propia libertad de escoger. Afortunadamente hay en mi entorno una estupenda matrona especializada en este campo (un besote, Anabel).

También es violencia obstétrica no ofrecer información sobre este tipo de nacimiento. La principal creencia médica sobre los partos domiciliarios es que en cualquier caso entrañan más peligro que los que se producen en el hospital. Y es lógico pensar así, puesto que la asistencia sanitaria reduce la mortalidad materna e infantil. Pero ¿Siempre y para todas las personas gestantes? Si no hospitalizamos todas las neumonías ¿Por qué todos los partos? ¿Todos o ninguno? Pues depende.

El National Institute for Health and Clinical Excellence en Reino Unido recomienda, para gestantes que tienen bajo riesgo y que ya han parido más veces, hacerlo en esa ocasión en casa, por ser menos probable que su parto sea intervenido innecesariamente; mientras que para aquellas que dan a luz por primera vez, existe un leve aumento del riesgo para el bebé. En gestantes con factores de riesgo identificados, no se recomienda (según apoya este estudio en Australia). Este otro estudio que abarca gestantes de bajo riesgo entre 2000 y 2017 (se trata de un metaanálisis, diseño con muy buena evidencia), va en el mismo sentido, concluyendo que en bajo riesgo, no se vio diferencias de mortalidad ni complicaciones según el lugar de nacimiento.

¿Y en España? Mientras que la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) lo contraindica siempre (Le hago “menos caso” a esta opinión porque es un consenso de expertos, porque su evidencia es menor al estudio de cohortes y el metaanálisis que he citado anteriormente y porque se basan en que “antes se paría en casa y había mayor mortalidad maternoinfantil”, lo cual es verdad, pero hay que tener en cuenta que también parían en casa primigestas y mujeres con embarazos de riesgo, con varios bebés, etc. en los que estaría indicado de primeras el parto hospitalario), la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) suscribe estas recomendaciones, ofreciendo libertad para elegir y publicó en 2018 una guía informativa sobre partos en casa, en las que describe la preparación de las personas y el hogar, cómo se lleva a cabo, qué hay que vigilar y los criterios para ver si una persona es candidata de parir en casa:

  • Inicio de parto espontáneo entre 37-42 semanas
    de gestación.
  • Presentación cefálica (que el bebé venga de cabeza).
  • Hemoglobina (Hb, molécula que transporta el oxígeno en sangre, se ve en analítica) ≥ 10 g/dl
  •  Índice de masa corporal (IMC) ≤ 30 Kg/m2 al
    quedarse embarazada.
  • Embarazo no múltiple (un solo bebé).
  • Historia clínica sin complicaciones relevantes.
  •  Historia obstétrica sin complicaciones.
  •  Sin signos ni síntomas relevantes relacionados
    con complicaciones del embarazo, como por
    ejemplo preeclampsia, crecimiento intrauterino
    retardado (CIR) confirmado, colestasis…

También lo apoya el Ministerio de Sanidad, que si bien se pronunció en 2009, no parece haber cambiado en este aspecto. No obstante, se recomienda siempre asistido por matronas especialistas en este ámbito, y en opinión personal yo también tendría en cuenta, por ejemplo, la distancia entre el domicilio donde se da a luz y un hospital al que poder ser derivada.

En cuanto a la OMS, este organismo deja la decisión a la persona gestante, siempre y cuando cumpla todos los criterios (en sus recomendaciones “no se moja”, pero es interesante leerlas).

Otro inconveniente (y aunque hablando de salud, mencionar el dinero quede fatal) sería que los nacimientos domiciliarios costasen más al sistema sanitario que en los hospitalarios. Este estudio del British Medical Journal muestra que no, que de hecho, en gestantes multíparas de bajo riesgo, el coste es menor. En 2016 se publicó una revisión sistemática que concluyó no disponer de datos suficientes para concluir en un sentido o en otro, pues no podían descartar que la diferencia de costes se debiera a otros factores.

¿Cómo nos quedamos después de leer esto? Parece que se nos rompen un poco los esquemas ¿Verdad? Si tienes alguna duda o has encontrado alguna eevidencia mejor, comenta y si crees que a alguien le puede interesar esta información ¡Comparte!

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La maternidad y paternidad romantizadas

*Atención: Contiene spoiler de la película “Campeones”.

¿Cuántas veces habré protestado porque a las mujeres se nos presenta como madres o madres potenciales? Incontables. Pero, en el caso de traer descendencia al mundo de forma consciente y elegida, se prefiere la corresponsabilidad en los casos de parejas heterosexuales. Eso sí, a veces la sociedad la caga, y en vez de igualar por “lo bueno” (es decir, dejar de presionar a las mujeres para que tengan bebés como no se hacía con los hombres), enrasa por lo negativo (ahora presionamos también a las personas leídas como hombres).

La pareja tradicional ya no es lo que era. Cada vez menos gente se traga la historia del amor eterno, se sabe que tu pareja hoy te quiere, y mañana se va. Pero ¿Quién no se va nunca porque sin ti, literalmente, se muere? ¿Qué relación, por definición, es incondicional? ¡La de un bebé con sus cuidadores/as! Y ser madre/padre, se considera el súmum de la madurez.

El caso es que hace unas semanas fui a ver “Campeones”, una producción que esperaba que me gustase por su representación de la diversidad funcional. Un importante entrenador de baloncesto agrede a su compañero y es detenido por conducir borracho, por lo que se le condena a entrenar a un grupo de discapacitados intelectuales. Por supuesto, la trama gira en torno al crecimiento personal del protagonista. ¿Qué tiene que ver esta película con la paternidad romantizada? Que en el pack de imprudencia, irresponsabilidad y cretinez del entrenador, junto con la discriminación de los discapacitados intelectuales (a los que llama “subnormales” con toda naturalidad y encima se ofende si se le reprocha esa actitud), la falta de respeto a una jueza, la violencia contra su compañero y la conducción bajo los efectos del alcohol se encuentra su negativa a tener descendencia.

Pero tranquilos, como toda película romántica que se precie, gracias al sacrificio y a la abnegación de su esposa (quien pese a tener una vida plena lo deja todo para viajar con él), de todo el equipo de baloncesto que se vuelca en él para que madure e incluso a su madre, que le ayuda a cerrar heridas emocionales, él muda de parecer y en el cénit de la peli se apunta a traer un bebé al mundo. Porque a eso reduce el cine a las personas que decidimos negarnos a “lo mejor que te puede pasar en la vida”: Gente estúpida, inmadura, procedente de hogares desestructurados (al entrenador, su padre lo había abandonado de pequeño) y que por descontado acabará, como todo buen final de película, cambiando de opinión.

En fin, una película decepcionante porque partía de una idea buena, pero al final fue un bodrio de amor romántico y pareja destinada a procrear.

Hasta el próximo post.