No eres monógamx, eres pobre

Dicen que hay que agradecer las críticas porque ayudan a progresar. Estoy convencida de esto, y a la hora de desarrollar cada vez mejores planes para relacionarnos y construir sociedades colectivas y solidarias, este punto es muy importante. Los fallos en los modelos sirven para solucionarlos en futuras fórmulas.

Hasta la fecha, han sido siempre personas monógamas quienes han tildado al poliamor de neoliberal y al hacerlo desde el desconocimiento, juzgando solamente lo que aparenta desde fuera, es mega sencillo para cualquier poliamorose/o/a desmontar este argumento. La monogamia acusa al poliamor de neoliberal desde una perspectiva mojigata, puritana; acusa a la diversidad sexual de un supuesto “consumo de cuerpos” (igual a la soltería monógama; confunden el ambiente poli con Tinder), y esto no se sostiene porque el poliamor valora, y mucho, los cuidados y el respeto hacia cada persona con la que tienes sexo. Con este enfoque, has perdido la partida desde el principio, te rebatirán fácilmente y habrás hecho gala de supina ignorancia y de seguir creyendo, en pleno siglo XXI, que el sexo es malo.

El poliamor es neoliberal, no por esa ficticia “sexualidad desenfrenada y deshumanizante”, sino porque en su práctica habitual hay que gastar mucho tiempo en discusiones, acuerdos y conquista amorosa. Toda esta gestión queda fuera del alcance de quien tiene que madrugar, trabajar 12 horas diarias para pagar el alquiler, cuidar criaturas o limpiar su casa. La ociosidad de vivir en el  polidrama es característico de una clase social media-alta. Para quienes necesitamos ese tiempo para llevar adelante otros proyectos, es imposible. Y para quienes además precisan cuidados extra y salen perdiendo en la eterna competición, es inasequible. Por eso mucha gente lo descarta desde el principio y prefiere simplemente echarse una pareja, y a otra cosa.

Este modelo es un artículo de lujo; representa tu status como antaño hicieran la piel pálida a través de la cual se traslucían las venas (símbolo de no trabajar en exteriores), la ropa cara y de colores claros (la burguesía y la nobleza no trabajaba, por eso su ropa no se manchaba ni estropeaba) o el sobrepeso (implicaba poder adquisitivo para hacer opulentas comidas). En conclusión, escoger el poliamor no necesariamente se asocia con tu catadura moral o tus ideales, sino que necesitar asegurarte una pareja para alcanzar una estabilidad que permita la supervivencia, puede encontrarse más en relación con tu nivel socioeconómico. No se elige lo que se quiere, sino lo que se puede.

¡Hasta pronto!

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La legendaria compersión

Hace un par de años, cuando aún poseía algo de inocencia y creía que era la única poliamorosa del mundo, me fascinaba el concepto de la compersión, esto es, sentimientos positivos derivados de que tu pareja tenga otras relaciones. Para mí era una realidad, siempre disfruté con la variedad de las personas importantes para mí, no ya sólo otras parejas/amantes, también amistades: Comprobaba de primera mano el beneficio emocional que tenía para mis seres queridos/as/es.

¡Pero! Como todo en el amor, tiene su lado tenebroso: La compersión es tan cool en los ambientes liberales… Es un valor añadido. ¿Qué sucede? Pues que quien disfruta de privilegios, vive en abundancia de cuidados y le falta agenda para tanta gente que quiere su compañía, tiene muy fácil la compersión. En el otro extremo, poca gracia le hará a una mujer recién parida, afectada emocionalmente por el proceso de traer la nueva vida al mundo y económicamente dependiente, que su pareja pierda la cabeza por otra persona justo cuando más apoyo necesita. La verdad incómoda: Cuando una nueva relación amenaza el status quo o el bienestar de alguien, es imposible sentir compersión. Lo lógico es sentir miedo, incertidumbre, indignación, frustración… Justo los sentimientos tabú en el opresivo ambiente, donde la société espera de ti brincos de alegría y te juzgará por tu reacción en ese momento, sin considerar la coyuntura actual ni el por qué de tus emociones (Ni les importa, ellos/as sólo quieren ver cumplida su fantasía poliamorosa, ver representada su utópica Arcadia feliz). Otro escenario, todavía más disfuncional pero posible: Como no quieres decepcionar a la audiencia, ahogas tus emociones y finges contento, no vaya a ser que tu privilegiada pareja encima te acuse…. ¡De tener celos! Hay que ser guay y moderna en el mundo poliamor, por lo que te deslizas por un esquizofrénico tobogán en el que sonríes mientras se te hiela el estómago, e incluso ¿Por qué no? Simulas una forzadísima amistad con tu metaamor. La amistad entre metaamores es un hecho, lo absurdo es anhelar que todo el mundo unido por un vínculo sexoafectivo se lleve bien ¿O acaso no tienes amistades que de no ser por el respeto que te tienen, se habrían rebanado las gargantas mutuamente?

La dificultad (a veces, imposibilidad) de la compersión no es sino otro síntoma de la injusticia amorosa. Si los cuidados fuesen equitativos, no debería preocuparnos con quiénes se relacionen nuestros vínculos, y nos deleitaríamos, como a mí me suele pasar, de ver que el mundo no está tan fragmentado como parece.

Pero yo, soy una privilegiada.

Novogamia: Luces y sombras

La representación importa. Si bien personalmente me posiciono al elegir mi modelo relacional, trato de incluir en mis artículos, en el algoritmo… En definitiva, en el contenido que genero sobre orientación relacional, todos los modelos. ¿Por qué? Para que nadie sienta soledad por sus sentimientos, o por cómo se imagina las relaciones interpersonales. Tenemos derecho a expresarnos y a que nos entiendan.

Cuando vi en la red una propuesta relacional de la que nunca había escuchado, alcé las orejas como un gato y me emocioné: La novogamia ¿Qué es eso? He escuchado las entrevistas y espacios dedicados a su creador, Jorge Ferrer, y la ilusión inicial… Se me desinfló un poco.

Que nadie me malinterprete; la aparición de este modelo es positiva: Es un síntoma más de que la decadencia de la monogamia y la creación de tribus no se quedan ya en tesinas y ensayos de Psicología y Antropología, sino que se asientan como una opinión compartida por cada vez más gente. El resurgir de la filosofía, la vuelta de la espiritualidad (ya sin religión), la revalorización de las emociones, del bienestar mental y la búsqueda de relaciones beneficiosas que no nos hagan malgastar el tiempo son otras características que percibo en la novogamia. Ahora bien, le encuentro varios cabos sueltos:

  • Parte de un supuesto “binomio” monogamia-poliamor, del cual se ofrece como tercera alternativa. Si habéis leído más blogs sobre no monogamias, ya sabréis que tal binomio no existe; sino que hay toda una amalgama relacional, un espectro que va desde la monogamia tradicional a la total destrucción de la pareja, con 6 modelos intermedios de los que la novogamia se olvida… Y algunos, como el swinger o las relaciones abiertas, existían mucho antes que el poliamor.
  • Está todavía en sus comienzos: Este es el inconveniente menos relevante, ya que si la novogamia está destinada a tener su lugar como alternativa, el tiempo lo subsanará. Lo pongo como problema porque al no tener decididos sus principios y características, me cuesta imaginarla e imbricarla en el esquema (pido perdón por mi mente cuadriculada). La situaría, por la crítica de Jorge Ferrer a la exclusividad y a los celos, en una no-monogamia, pero ignoro en qué parte.
  • Contiene una postura criticada en todas las no-monogamias y cuyo rechazo, comparto: El maldito fluir. Fluir como dejarse llevar, como poner el piloto automático y olvidar las convenciones sociales, bajo la premisa de que la espontaneidad tiende a los actos bondadosos. Al principio suena increíble, pero siempre termina mal. Porque, amigas/os/es, olvida que nuestro “fluir” está influido y programado socialmente, con lo que si nos abandonamos a la inconsciencia y nos relacionamos con el prójimo acríticamente, reproduciremos invariablemente todos los fallos sociales y las desigualdades estructurales que al ser horizontales y encontrarse en todos los órdenes de la vida, tenemos normalizados: Violencia; discriminación por orientación e identidad sexual, género, etnia, edad, nivel socioeconómico; los mitos románticos; formación de parejas (incluso si en un principio no queríamos); escalera mecánica; valor sociosexual… Se suele defender “fluir” cuando en un modelo no está claro su objetivo político (¿Continuación de las jerarquías? ¿Creación de una élite conectada sexoafectivamente? ¿Construcción de una aldea global? ¿Capitalismo o no capitalismo? ¿Mantener el status quo?) y normalmente insisten en “fluir” aquellas personas que socialmente acumulan más privilegios y que saben que no se arriesgan al relacionarse con otras personas (porque su posición les garantiza la seguridad).
  • Otra idea de Jorge Ferrer es que defender la monogamia o el poliamor (para él, ya sabemos que no hay nada más) implica aborrecer al otro modelo. Obviamente eso tampoco es verdad; aunque sí puedes pensar que un modelo es mejor que otro y eso no es odiar, se llama: preferencias ¿O es que si mi color preferido es el naranja, significa que odio a quien vista otro color?

¿Qué es la novogamia? Pues rechazar la monogamia pero flojito, no vaya a ser que haya que cuestionar y deconstruirte como en el poliamor. Atención, que yo soy la primera que defiendo como natural el ir transitando de modelo a modelo en función de tu momento vital. Ojalá se termine consolidando esta propuesta, de momento, por su argumentario y sus ideas, yo lo encuadraría en la zona gris de relación no monógama sin definir.

Si alguien conoce más de este tema, encantada de leeros.

¿Qué entiendes tú por amor?

He elegido como título la sempiterna respuesta (si bien pregunta) de cualquier ser amatonormado que oye hablar por primera vez en contra del amor. No me extraña. Es la reacción natural; la persona se queda impactada y te exige una explicación, porque “¡a ver qué te has creído tú que es el amor para decir que es malo! Cuando me dicen esto, me figuro la mente de mi interlocutor/a así: “No puede ser que lleve toda mi vida defendiendo como lo más maravilloso de la existencia, una ideología cruel y violenta ¡Esta tía debe de estar confundiéndolo con el amor romántico/tóxico/Disney/de telenovela del que evidentemente estoy por encima y tengo superadísimo”.

Asisto entonces a un esfuerzo voluntario semiconsciente de alguien que se aferra a Matrix. Claro, eso es: Estamos confundiendo el “amor del bueno” (que no es más que el sistema estabilizándose en la injusticia; el ser humano adaptándose resilientemente a una condición subóptima de supervivencia) con ese en el que está lo malo: Todo tipo de violencia (incluida la de género), la dependencia emocional que conduce a aguantar entornos insalubres e infelices, las desigualdades, el consumismo, la monotonía o el estrés (dependiendo de dónde nos situemos dentro del abanico monogamia-anarquía relacional), las infidelidades… Esa ceguera selectiva que nos impide ver el sufrimiento en el amor, que hasta hace unos años excusábamos en esa expresión ñoña de “el amor es bello incluso cuando duele”, y actualmente, conforme vamos desnaturalizando la violencia y ya no renta, pretendemos separarlo en dos tipos de amor, indivisibles en la práctica porque sólo es uno. ¿Que qué entiendo yo por amor? Pues lo mismo que tú: Un sentimiento que te lleva a cuidar gente en base a unos criterios que tú consideras espontáneos e innatos, pero que curiosamente coinciden con lo culturalmente deseable. Y que quienes no cumplen esos criterios, quedan en soledad. Un mercado en el que se compra, se vende y se regatea intentando adquirir lo más valioso al menor precio posible. Un “sálvese quien pueda” en el que, si conseguimos un producto (pareja) de calidad aceptable, nos contentamos (al menos hasta que aparezca alguien mejor), nos serenamos y hacemos la vista gorda frente a las personas que siguen sufriendo. Tenemos el mismo concepto, pero tú te empeñas en seguir defendiéndolo a capa y espada y yo he tirado la toalla, no voy a justificar más lo injustificable.

Otra situación mezquina que creo que todo el mundo hemos vivido alguna vez: Cuando una amistad nos cuenta su zozobra amorosa, la consolamos con un “ya habrá alguien para ti, vales mucho”… ¿Vales mucho? ¿En serio?¿Somos conscientes en ese momento de que las virtudes de esa persona no cuentan ni en Tinder ni en la vida real? ¿Por qué engañamos, peor todavía, creemos que engañaremos, a alguien mayor, poco agraciade/a/o, pobre, etc. que sabe que lo que la separa de encontrar su “amor ideal” son 20 años, 20 kilos o 20 millones de euros? Al final, preferirá una pareja “a su altura” (es decir, menos rica, joven y guapa de lo que le gustaría) a la carestía de atenciones.

No malinterpretemos: Este es un artículo de hermandad. Mi queride amanotormade: Toda la peña que ahora critica el amor ha estado en tu lugar (deberías haberme visto a mí el año pasado, era la paladina del amor); venimos del mismo sitio. No me he iluminado, ni descubierto la penicilina, ni soy más lista que nadie: me he cansado. La esperanza, la he puesto en otras cosas: En la vida misma, en otros vínculos, en otros proyectos. En buscar y fabricar nodos de relaciones equitativas que sean un oasis; en levantar un hospital de campaña en el epicentro de esta guerra. Un lugar al que acudir cuando te canses de estos infames Juegos del Hambre.

¿Nos seguimos viendo? Espero que sí 🙂

Cosas a evitar al relacionarnos: Las migajas de pan

¡Hola de nuevo, gente curiosa por las relaciones! ¿Cómo va todo? Espero que os hayáis preparado bien, porque os traigo un tema muy manido en blogs sobre emociones y relaciones, pero con un novísimo enfoque: El que relaciona esta práctica con el amor, y el amor sale mal parado. Nada más ni nada menos que las migajas de pan.

Empecemos por el principio ¿Qué es dar migajas de pan, en el sentido emocional? Esta forma de manipulación y maltrato consiste en dar falsas esperanzas a una persona enamorada cuyo vínculo no tenemos intención de afianzar. Para hacerlo más cruel, esas esperanzas no son explícitas, sino implícitas: Escribir de cuando en cuando un mensaje, dejar algunos “me gusta” en las redes sociales… Pero cuando la persona manipulada intenta aclarar expectativas o identificar la relación con preguntas como ¿Quieres estar conmigo? ¿Qué somos? ¿Qué sientes por mí? las respuestas son imprecisas, vagas, ambiguas. El detalle que lo convierte en un maltrato: Cuando esa persona, dolida por el abandono y la carencia emocional, hace el amago de irse, se le vuelve a contactar para que no se marche. Es decir, se da lo mínimo para que no se desenganche, pero menos para que sea insatisfactorio y la relación no progrese. Es estar un día sí y al siguiente, no.

Patético ¿verdad? Pero ¿y si pudiéramos desentrañar por qué sucede esto? ¿podríamos analizar lo que ocurre en el amor para impedirlo?

El amor surge prematuramente cuando dos personas se conocen; si no justo al momento, al poco tiempo. El ser amado todavía no ha hecho “nada” para que le amemos, no ha sido necesario: con la fascinación basta. Pero son eso, meras ilusiones. Esa persona no nos ha cuidado, no existe una base real para nuestro cariño. Son castillos en el aire, promesas, campaña electoral. Nos convertimos en vulnerables a este maltrato por ese detalle: Todo ese romance está en nuestra cabeza. A la que nos vibra el móvil con un mensaje, de nuevo imaginamos una vida junto a quien nos escribe. Como el amor no se fundamenta en nada sólido y maximiza cualquier minúscula muestra de afecto, nuestra mente es nuestra peor enemiga: Interpretamos el mensaje, nos montamos nuestra película y revivimos la ilusión. Sí, nos ilusionamos voluntariamente; nadie puede tratarnos así si no se lo permitimos. Pero estamos demasiado ciegos/as/es amando el amor como para salir de esa trampa. Una vocecita nos aconseja que nos retiremos, que escapemos, pero nos sentimos mal porque la sociedad nos ha inculcado a fuego que lo peor que podemos hacer es dejar escapar al amor de nuestra vida. Y preferimos malgastar años y hundirnos en el dolor antes que abandonar esa esperanza de que a lo mejor tendremos amor.

¿Sabéis qué os digo? Que la vida no está pensada para esperar ni para aceptar migajas, con la de experiencias que nos ofrece. Yo elijo invertir todo ese cariño y confianza para mí misma y para los seres que ya llevan meses o años aportándome elementos positivos. Venga el frío análisis y a tomar por saco el amor, que nos llamen “vacías” o “sin corazón”. Si tener corazón significa permitir que jueguen conmigo o autodestruirme en las garras de manipuladores/as, alegremente no lo tengo. Al no enamorarme, soy dueña de mi vida.

¿Alguna vez os ha pasado esto? ¿Conocéis a alguien en esta situación? Pásadle este post para que se libere.

¡Adiós!

Guía de autocuidado para activistas

En este blog, el cuidado de activistas ocupa un papel primordial. En este post aprendimos a aplicar algunas máximas budistas a la lucha por los derechos, y es que se puede y se debe defender a otras/os sin quemarnos. Ahora, nos centramos en algunos consejos menos filosóficos y más prácticos:

Incluso la gente consuperpoderes un descanso. Como activistas, a menudo pensamos que es más importante y urgente ayudar al prójimo que a nosotros/as mismos/as. Necesitamos tener cuidado para no conceder a la lucha la oportunidad de quemarnos. Es relevante prestar atención a los signos de alarma, para revertir el daño y reforzar la resiliencia:

  1. Prestar atención a los signos de alarma: Irritarse o molestarse fácilmente, dificultades para conciliar el sueño o despertarse precozmente, sentir rareza al tomarnos un día libre, dolor de cabeza, tensión en la zona detrás de los ojos, en la mandíbula, dolor abdominal.
  2. Revertir el daño: Cuerpo: Alimentarnos de forma sana y equilibrada, sin atracones ni comidas indigestas, hacer ejercicio, respirar conscientemente… ¡Bailar! Mente: Reír, crear, jugar, meditar. Social: Llamar a una antigua amistad, conocer gente nueva, unirse a un club local. Desconectar: Ignorar las redes sociales, apagar el móvil durante unas horas.
  3. Reforzar la resiliencia: Haz del autocuidado parte de tus costumbres. Además, puede resultar útil alguien profesional de la salud mental que nos ofrezca una visión objetiva y soluciones. Que el estigma no te frene para obtener una ayuda súper necesaria.

¿Incluirías alguna otra recomendación? Si te gustó el post, no olvides darle a like ¡Hasta luego!

 

 

Is it feasible to create community, disregarding love?

Love, what a twisted thing. In the name of love, we women have been taking care of others without being payed, for instance. When laws cannot force us to do humiliating, irresponsible things such as forgiving a violent person, then love will do. Because there’s nothing worst that a woman that doesn’t love, society says. Love isn’t fair, we can’t be ethical if we make decisions and treat people depending on fascination and charm. It’s a bad idea to stablish a long-term commitment following such whimsical, unstable feelings.

In Spain, there’s a little group of people that prefers to relate with other with justice, fullfilling other people’s needs and receiving other’s care, and love isn’t invited. Feeling such as affection appear while taking care of others, and we form several interrelated groups, instead of couples. Furthermore, we don’t practice sexual or emotional exclusivity either. This relationship paradigm is called: Agamy.

These are our relational principles:

  1. Couple: Agamous people do not have partner(s) but have relationships that develop in a progressive and conscious way. Also, we take responsibility for any unacceptable expectations we might have of their companion(s).
  2. Love: We understand love as an alienating ideology which drives the formation of couples. We discredit this infatuation and do not consider it a reasonable justification for any harm. Moreover, we are suspicious and sceptical of all uses of the term ‘love’.
  3. Emotional needs and bonds: Agamous people aspire to feel attachment with those who satisfy our needs in a reliable way, have affection for those who are deserving of it and admire those people who act virtuously. Impotantly this attachment and affections is a bidirectional process. These ideas foreground our emotional bonds and our perceived happines.
  4. Sex: Agamous people will try to redesign sex. As part of this process we must recognize the position sex occupies in a symbolic framework of patriarchal domination. We will reflect on the interests which have led us to desire sex and wgich have made it a key part of our relationships. We will try to construct sex in a way which doesn’t make other sexual subjects into objects of desire. We understand affection outside of sex, in the way that sex should not have a significant meaning in a hierarchy of intimacy. Through this process of reconsidering and redesingning sex we will arrive at an undertanding of human intimacy that doesn’t regard sex as the highest interaction between bodies.
  5. Orientation/Identity: Agamous people are aware of the privileges and disadvantages constructed by the social reading of our genders and we are committed to overcoming these intersecting issues. Agamous people don’t have a gender identity, rather we receive our gender from how we are socially read as an indicator of our position in the structures of privilege. We aim to overcome the hegemony of heteronormativity. Agamous people don’t discriminate according to gender, in this way we don’t have sexual orientation. We take responsibility for the discrimination generated by our residual sexual orientation.
  6. Sociosexual value – ‘Beauty’: Agamous people oppose social hierarchies of attractiveness. In the tradition of political lesbianism, agamous people believe in our ability to deconstruct and reconstruct desire according to moral and political criteria. One of these criteria is to address the social hierarchy of attraction and reconstruct it to reflect our interests and agenda.
  7. Relations with non-agamous people: Agamous people may engage with people who ascribe to other relationship paradigms. However, we do not permit these non-agamoous people to imply a priori limits on ous involvement with them and we will be mindful of the fact thar their relationship paradigms may prioritise their gamos over relational responsibility.
  8. Positive discrimination in relations: Agamous people practice positive discrimination with regards to gender relations. This discrimination redistributes agency and abandons the pursuit of equality in the particular in favour of redressing power as a whole. This means apportioning women a greater share of power in relationships through which they can compensate for their lack of power in instances where there may not be effective tools for achieving equality.

So… Any questions? What do you think of Agamy? I’ll read you comments. See you later!