De la crítica al amor romántico al neoliberalismo relacional

El encuentro mensual de Agamia en 3D se centró en el tema del neoliberalismo relacional, asunto que va más allá del neoliberalismo sexual (ya que éste sólo atañe al sexo, mientras que el primer término abarca también al amor). El contenido queda estupendamente resumido y reflejado en este post, cuya revisión recomiendo, madre del que ahora leéis. Aquí quiero unir dos conceptos, los dos del título, para ampliar la disertación de cómo la crítica al amor romántico, además de frenar la emancipación femenina del amor y de hacerle un purplewashing para que hasta la más feminista se case de blanco, con invitaciones en tipografía carolinea, coreografía preparada y chuches en la recena, ayuda a desapuntalar la estructura de la pareja y roe los cimientos que estabilizan el gamos para devolver a sus integrantes al mercado amoroso.

La crítica al amor romántico es falaz: Cuando se describen los horrores que se hacen bajo el paraguas del amor, se identifica como “romántico” y caso cerrado. La pareja implicada no ha sabido amar, y la solución es deconstruirse y seguir probando, más suerte en la próxima. En algún momento, si se vuelven dignxs, alcanzarán eso que llaman “amor sano”. Lo tremendo, lo más cruel y perverso viene cuando eso se le dice a una víctima de violencia de género.

“Eh, el problema no es el amor, que fabrica un espacio hermético donde ni tu familia entra y cuaja todo tipo de disconfort y agresiones. Es que tú de chica veías muchas pelis Disney, y claro…” Me recuerda a los primeros años 2000, donde en la tele salía que si jugabas mucho a los videojuegos corrías el peligro de ensartar a tus padres con una katana. No importa que la evidencia actual muestre que el sexismo (supuestamente, el mecanismo por el que Disney corrompe el amor) explica muy poco de la violencia de pareja (lo cual no significa que no genere otros problemas de sociales, económicos, de salud, etc. en la mujer y por ello luchemos contra él) y haya muchas más variables en juego. Y olvidan que la mayoría de los maltratadores no agreden a las mujeres fuera de esa estructura.

En el sistema monógamo, entramos al mercado durante un tiempo, pero una vez conseguida la anhelada pareja, descansamos y vivimos el amor. Estamos, como se dice en las comedias románticas, “no disponibles”. Paso a citar, uno a uno, los mitos románticos y cómo se las arreglan para sacar a las personas con pareja de esa estabilidad para liberalizar el mercado sexosentimental:

  • La media naranja: Según este mito, somos una mitad y buscamos un complementario. La crítica propone que somos personas completas. Al no ser parte de nada, pero el amor sigue siendo deseable (¡Hay un amor sano esperándote! ¿Por qué no seguir ojeando lo que hay por ahí?
  • La exclusividad y la fidelidad: Sólo se puede amar a una persona. Toda tu vida habías escuchado que flirtear teniendo pareja era traición y según el contexto tenía cierta penalización social, pero relax, que la crítica al amor romántico te absuelve. Se abre la veda para seguir teniendo Tinder instalado.
  • La pasión eterna: Si pese a los anteriores, preferías quedarte con tu pareja, prepárate: El afecto y la sexualidad que hoy te satisfacen lo bastante como para que no merezca la pena seducir a otras personas, tienen fecha de caducidad. Pierde toda esperanza. Seguir ligando es tu destino.
  • El matrimonio o convivencia: El contrato legal a veces puede interponerse entre tú y los Juegos del Hambre amorosos. Mejor tener parejas con las que no te casas ni convives, te darán la sensación de “seguir en la arena”.
  • La omnipotencia: El amor no hará que tu pareja cambie, así que no seas tontx y dale tu número a esx compa de curro que tanto te gusta a la que veas que no cierra el tubo de la pasta de dientes.
  • El libre albedrío: Has elegido a quien has elegido no por tu propio criterio, sino por lo que tus hormonas y la cultura han programado que debe gustarte.
  • La pareja: Además, no hay por qué emparejarse con una sola persona ¿Te gustan varias? Bienvenide al mundo de las no monogamias éticas.

¡¿Esta loca está defendiendo el amor romántico o qué?! Nada más lejos, mi ofendide lectore. La disertación de los mitos del amor romántico son coherentes y correctos. Casi, casi podrían ser la puerta que cruza Jim Carrey en El Show de Truman antes de desearnos son su icónica sonrisa “Buenos días, buenas tardes y buenas noches”. Mas al final de los artículos que exponen la crítica, o en artículos sucesivos, en vez de proponernos abandonar esa maraña de embustes; tras haber destripado al amor y enseñarnos toda su ponzoña, en vez de tirar la toalla y dedicarnos a otras formas de relacionarnos nos alientan a seguir amando, compitiendo, agrediendo y siendo agredidxs. Cada vez, en relaciones más laxas, con intervalos entre conquistas más breves.

Cede la escalera y Truman queda condenado a ver un cielo únicamente de cartón piedra.

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