Día de la Madre

Hoy se celebra, en España, el día de la Madre. En muchos países hispanohablantes se celebra dicha efeméride. Ensalzado hasta más no poder, comercializado por las empresas, patriarcalizado muy a menudo (Con las dos caras de la moneda: La maternidad tradicional y la superwoman) y siempre romantizado.

El amor de madre, como todos los amores, envenena el vínculo madre-criatura, que debería construirse sobre la ética, como cualquier otra relación. Y de forma todavía más urgente, debido a la extrema vulnerabilidad de lxs bebés. Hablar de vínculo materno-filial como un amor, acarrea las mismas consecuencias problemáticas que en el amor de pareja: Si es amor, es bueno, por tanto todo lo que pase en ese vínculo queda validado per se y no cabe cuestionamiento posible. La desigualdad de recursos entre madre e hijxs favorece aún más el abuso de progenitores a sus descendientes, y que padres y madres no sepan poner límites sin violencia, favorece el caso contrario (menos frecuente).

La otra cara de la moneda, de la que tanto se ha hablado en esta página: Si tu madre elige no tratarte éticamente en ocasiones, pero satisface otras necesidades forjando un lazo ambivalente ¿Eso es amor o no? Una madre narcisista ¿Quiere a sus hijxs o no? No hay consenso al respecto. Por otro lado, si los cuidados de una madre a sus hijxs depende del “amor de madre” ¿Qué pasa con las madres que no quieren a sus hijxs? ¿No puede haber madres que no quieran a sus hijxs, pero se hagan cargo porque son responsables y cumplen con el que creen que es su deber?

Mención aparte amerita la exageración a través de las redes sociales de las relaciones madres-hijxs (sobre todo, madre-hija) en la etapa adulta. Las madres aparecen en las fotos como ejemplos perfectos, sabias consejeras e incansables compañeras; recibiendo toneladas de admiración y gratitud en justo pago por todos sus desvelos. Idílica estampa. Capturadxs bajo la presión de mostrar que te llevas súper bien con tu madre, encuentro muy difícil gestionar traumas causados por ellas y atravesar duelos exitosamente, si ésta ostenta todavía un papel primordial en la vida de sus hijxs ya mayores. Además, una excesiva presencia materna en la vida adulta podría dificultar la emancipación emocional, favoreciendo las conductas dominantes y controladoras.

Actualmente, las mujeres más feministas pelean por poder decir que no quieren ser madres, que la maternidad no es lo más bello del mundo, que no son más felices después de haber tenido hijxs que antes. Incluso su derecho a afirmar que lo son menos (sin blandir esta expresión para culpar a sus hijxs y abusar emocionalmente de ellxs, claro). Quizá les haya llegado la hora a las hijas feministas, de reivindicar que no son unas ingratas por ponerles límites a sus madres, por no permitir que abanderen su “amor” para tratarlas injustamente, ni que les estén recordando una deuda eterna e inconmensurable.

En definitiva: Está bien no soportar a tu madre, no eres peor persona por eso y el amor de madre es tan sospechoso (si no más) que el de pareja.

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