Me he enamorado ¿Y ahora qué?

¡Qué calamidad! En mitad de una incursión en la agamia, o tal vez cuando hacía muy poco que habías leído sobre ella, has conocido a quien parece (Por enésima vez) la persona soñada. Si buscas sobre “crushes” en Internet o preguntas a tu círculo cercano, te recomendarán casi unánimemente que te lances, que te atrevas, que te declares: ¡Podría ser el amor de tu vida y el “no” ya lo tienes! (Mensaje de tómbola). Por todas partes (Y lo más grave, incluso gente supuestamente profesional) te insistirán en hinchar ese sentimiento hasta que se te vaya de las manos y te explote en la cara ¡Y más te vale después, gestionar correctamente el desastre! ¿No hay otra alternativa? ¿Hemos de abandonarnos a las emociones, sin tomar las riendas de nuestra vida?

¡Para nada! Si has enfermado de amor, existe un antibiótico para microorganismo tan virulento: La agamicina. Si fuese de verdad, este antibótico me lo imagino como la amoxicilina: Sencillo, barato, por vía oral, seguro durante el embarazo y la lactancia. Aunque bien mirado, me recuerda más a un procedimiento que consta de los siguientes pasos:

  • Primero: Aceptación. A ver, queridx, vivimos en una cultura que nos introduce amor por todos nuestros orificios ¿De verdad te pensabas inmune? Nadie está a salvo al 100%. Por eso, se admite sin vergüenza y sin drama. Si ya eras ágamx, tranquilidad, no vas a perder el carnet por eso ni te vamos a expulsar.
  • Segundo: Empoderamiento: El amor no es una cosa que te pasa, lo produces en tu cabeza (Aunque la sientas en el tórax y en los genitales). Y en tanto que lo has construido, tienes todo el derecho y la responsabilidad de destruirlo.
  • Tercero: Distanciamiento: ¿Hasta qué punto debemos distanciarnos? Hasta que las emociones no interfieran en tu vida más de lo que lo haría una escena inquietante mientras ves una película, o el final de un libro. Mi recomendación es observar hasta dónde quieres separarte y desde ahí, un paso más. La distancia podrá ser física, virtual y emocional. También conviene evitar exponerse a material cultural pro-amor como canciones, películas (Incluso esas tan modernas que abogan por el “amor sano”).
  • Cuarto: Análisis: Duda de tu dictamen acerca de esa persona. Es muy sospechoso que hayas encontrado a alguien tan deconstruidx, amable, inteligente, carismáticx, atractivx, y con esa perfección superlativa. Aquí hay trampa y cartón. Seguramente le has atribuido a la ligera, una buena porción de esas cualidades. O las tiene, pero no de manera tan exagerada. O vale, va bien dotadx de virtudes pero no te has parado a pensar en sus defectos. O si después de ese escrutinio objetivamente es un auténtico tesoro, tal vez merezca permanecer en tu vida, pero jamás en el altar donde el amor lo coloca. Con frecuencia el análisis concluirá en que lo mejor que puedes hacer por ti y por esa persona tan genial es no amarla.
  • Quinto: Distracción: Nos esforzamos en poner por delante nuestras obligaciones, tanto profesionales, como domésticas, sociales, etc. Somos conscientes de que la vida continúa y que de hecho, marcha perfectamente sin esa persona. Interactuar con más gente, que nos lleven por diversos temas de conversación sin relación alguna con el objeto amado y nos ayuden a olvidar temporalmente ese flechazo; la lectura, el deporte u otras actividades que precisen toda nuestra atención, serán muy útiles para superar el amor.

Repetir hasta lograr el efecto deseado.

Lo más importante, en cualquiera de esos pasos, es que tengas claro el enfoque y la meta: Desenamorarse. Ni amar “de forma saludable”, ni amar solamente un poquito. No amar en absoluto.

Para cuando lea este tratamiento radical de la infección amorosa, habrá quien le haya cogido cariño al bicho y “elija libremente” (Todo lo libremente que puedes elegir cuando has crecido escuchando por todos lados que el amor es lo más importante del mundo y que quienes no aman son psicópatas) seguir enamoradx. Para esos casos, os derivo aquí.

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