La legendaria compersión

Hace un par de años, cuando aún poseía algo de inocencia y creía que era la única poliamorosa del mundo, me fascinaba el concepto de la compersión, esto es, sentimientos positivos derivados de que tu pareja tenga otras relaciones. Para mí era una realidad, siempre disfruté con la variedad de las personas importantes para mí, no ya sólo otras parejas/amantes, también amistades: Comprobaba de primera mano el beneficio emocional que tenía para mis seres queridos/as/es.

¡Pero! Como todo en el amor, tiene su lado tenebroso: La compersión es tan cool en los ambientes liberales… Es un valor añadido. ¿Qué sucede? Pues que quien disfruta de privilegios, vive en abundancia de cuidados y le falta agenda para tanta gente que quiere su compañía, tiene muy fácil la compersión. En el otro extremo, poca gracia le hará a una mujer recién parida, afectada emocionalmente por el proceso de traer la nueva vida al mundo y económicamente dependiente, que su pareja pierda la cabeza por otra persona justo cuando más apoyo necesita. La verdad incómoda: Cuando una nueva relación amenaza el status quo o el bienestar de alguien, es imposible sentir compersión. Lo lógico es sentir miedo, incertidumbre, indignación, frustración… Justo los sentimientos tabú en el opresivo ambiente, donde la société espera de ti brincos de alegría y te juzgará por tu reacción en ese momento, sin considerar la coyuntura actual ni el por qué de tus emociones (Ni les importa, ellos/as sólo quieren ver cumplida su fantasía poliamorosa, ver representada su utópica Arcadia feliz). Otro escenario, todavía más disfuncional pero posible: Como no quieres decepcionar a la audiencia, ahogas tus emociones y finges contento, no vaya a ser que tu privilegiada pareja encima te acuse…. ¡De tener celos! Hay que ser guay y moderna en el mundo poliamor, por lo que te deslizas por un esquizofrénico tobogán en el que sonríes mientras se te hiela el estómago, e incluso ¿Por qué no? Simulas una forzadísima amistad con tu metaamor. La amistad entre metaamores es un hecho, lo absurdo es anhelar que todo el mundo unido por un vínculo sexoafectivo se lleve bien ¿O acaso no tienes amistades que de no ser por el respeto que te tienen, se habrían rebanado las gargantas mutuamente?

La dificultad (a veces, imposibilidad) de la compersión no es sino otro síntoma de la injusticia amorosa. Si los cuidados fuesen equitativos, no debería preocuparnos con quiénes se relacionen nuestros vínculos, y nos deleitaríamos, como a mí me suele pasar, de ver que el mundo no está tan fragmentado como parece.

Pero yo, soy una privilegiada.

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