No me toques los amores

He asistido a una vehemente polémica porque en las redes sociales de grupos de poliamor se ha difundido la siguiente cita, de Brigitte Vasallo (activista lgtbi y feminista):

“La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de más gente sin que nadie se quiebre en el camino.”

Iniciaré la crítica por el final: El objetivo más importante y el principal fracaso del poliamor es “que nadie se quiebre en el camino” ¿Verdad? La gente se quiebra porque, siendo socialmente dependientes y precisando cuidados, no se satisfacen sus necesidades (en las relaciones, sobre todo hablamos de necesidades sexoafectivas, pero a veces también económicas). Bien, para entender el fallo de diseño del poliamor hay que desentrañar la monogamia. La monogamia es un pacto que te garantiza (por lo menos teóricamente) cuidados económicos, físicos, emocionales, sexuales y sociales por un módico precio: tu exclusividad sexoafectiva.  Para conseguir esto, primero entramos en el “mercado” (representado explícitamente por los bares, discotecas o aplicaciones digitales), nos fijamos en alguien, rivalizamos con otras personas para seducirla, en el proceso la idealizamos un poco (o mucho) y la convencemos más o menos conscientemente para que acepte formar una pareja, satisfacer nuestras necesidades y guardarnos exclusividad a cambio de lo mismo. La exclusividad la llevamos muy mal, y como el porcentaje de infidelidades es tan grande y la sensación de traición, abrumadora (desde peques se nos transmite directa o indirectamente que los cuernos son una tragedia), se inventó el poliamor. Los/as poliamorosos/as son personas que se niegan tanto a renunciar a la diversidad sexoafectiva como a mentir.

En la monogamia, mientras la relación no se rompa, cuentas con una buena parte del tiempo de esa persona para ti; todo lo que no sea dormir, trabajar o la familia nos toca a nosotras/os. Es decir, tras la conquista inicial, llega una época de estabilidad, de calma chicha en la que abandonamos el atroz mercado del amor porque ya tenemos a nuestro lado a quien colme nuestros deseos. En esa etapa, descansamos. Hasta que la relación termine.

Pero ¿Y en el poliamor? Pues aunque el poliamor resuelve la monotonía sexoafectiva, pierde también esa tranquilidad donde nuestras necesidades están satisfechas. La monogamia a la larga aburre, pero mientras nos encontramos saciadas/os. En el poliamor te encuentras con que el tiempo de tu pareja hay que repartirlo entre varias personas, y entra y sale gente en la ecuación sin parar. Por tanto, ya nadie te asegura que tus necesidades vayan a cumplirse; la competición es eterna porque 1) Como tu pareja no es exclusiva, necesitarás enamorar a varias parejas para ejercer las funciones que antes hacía una y 2) Si una de tus parejas se enamora de otra persona más intensamente, probablemente se le vaya la olla y tú te quedes, al menos temporalmente, entre un poco descuidada/o y a dos velas. Esto, como podréis imaginar, agota inevitablemente a cualquiera. Pero ojo, los cuidados tampoco se reparten equitativamente:  Una minoría poseedora de mayor valor sociosexual (físico, género, nivel socioeconómico, edad, capacidades, etnia…) tiene una larga lista de amantes deseando cuidarles y salen ganando siempre, obtienen mucha atención con poco esfuerzo; mientras que la mayoría tiene que gastar mucho tiempo y energía en sobresalir de algún modo si quiere conseguir un trozo del pastel de los cuidados. Pugnas como cuando anhelabas dejar la soltería monógama, pero peor: Tu gamos, al multiplicarse la oferta (tu “puesto” en la vida de tu pareja ya no es solo para ti), se ha devaluado. Esta mayoría es la que apenas podrá dedicarse a otra cosa más que a luchar por algo de atención (descuidándose a sí misma, a su trabajo, sus aficiones…) y sufre. La desigualdad origina escasez.

¿Por qué pasa esto y por qué ni Brigitte Vasallo ni nadie del poliamor ha resuelto este enigma? Porque cometen el mismo error: Se basan en que primero te enamoras, y luego cuidas. Satisfacer las necesidades se supedita al amor; tiene que existir amor primero, es condición sine qua non. Aunque quien ames no tenga ya hueco en la agenda de tanta gente que la cuida. Aunque a pocos metros haya una persona desatendida. Pero como a la primera la amas y a la otra no… El amor es injusto y tiránico porque en vez de guiarse por la ética lo hace por la fascinación, la idealización y las emociones (factores excesivamente mudadizos y caprichosos como para actuar en función de ellos) y al repartirse de forma desigual (mucha gente codicia a unos/as cuantos/as privilegiados/as), crea inequidades en los cuidados.

Dicho esto, quien quiera es libre de seguir subiéndose al Titanic; pero no quiero reclamaciones cuando éste vuelva a hundirse. No se obtienen distintos resultados repitiendo el mismo método.

Por cierto, hay un modelo que rechaza el amor y pretende repartir los cuidados según la ética y la justicia, apareciendo el afecto y el apego sano en el proceso ¿Puedes adivinar cuál es?

¡Hasta pronto!

2 comentarios sobre “No me toques los amores

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